Fecha: 10 de septiembre de 2015 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Pedro Arteaga

Potentes y llamativos gemelos

En el Campeonato de España de decatlón de 1960 en Madrid, con participación de once atletas, Pedro Arteaga (Ferrol, 1941 – Madrid, 1990) finalizó en quinto lugar, aunque su actuación no pasó desapercibida para Atletismo Español que lo citó como “muchacho de grandes posibilidades, con lámina de atleta íntegro, novel aún”, augurando que la disciplina podría contar con “un especialista destacado” siempre y cuando mejorara en lanzamientos y en pértiga, y concluía afirmando que “podía llegar a ser figura”. Pedro Arteaga sobresalió en el atletismo, no hay duda de ello, pero lo hizo como uno de los grandes corredores de 400 metros, distancia en la que fue campeón nacional en 1964 y una decena de veces internacional, además de haber conseguido el récord español de 4×400 metros en 1966 en Berna (3:10.1) en compañía de Bondía, Magariños y Gayoso.

De izquierda a derecha, Pablo Cano, Virgilio González Barbeitos, Francisco Suárez Garrudo y Pedro Arteaga, componentes del relevo 4×400 metros que logró medalla de plata en los Juegos Mediterráneos de Nápoles en 1963 (Atletismo Español)

José Antonio Díaz Núñez, atleta como él, también de calidad sobrada y una manera de ser afable que lo han hecho cercano a cualquier interlocutor, cuenta que conoció a Pedro Arteaga en 1961. “Desde el principio”, dice, “mantuvimos una relación de amistad que se enriqueció a finales de esa década, coincidiendo con mi estancia en Toledo realizando el curso de Instructores de Educación Física. Él residía en Madrid y con bastante frecuencia recibía su visita. Manteníamos largas y apasionadas charlas sobre nuestro deporte, pero siempre terminábamos hablando de nuestra tierra y los amigos comunes de Coruña”.

En los Campeonatos de España de 1962 de categoría júnior, Arteaga se impuso en longitud con un salto de 6,83 y quedó segundo en altura al sobrepasar el 1,90 (la prueba la ganó López Aguado con 1,93). Por su actuación en estos dos concursos, poniendo énfasis en lo hecho en altura, se comentó que “el coruñés tiene ante sí extraordinarias perspectivas “decathlonianas’”. Y es que lo de saltar 1 metro y 90 centímetros le resulta asombroso al mismo Díaz Núñez cuando sigue desgranando otros aspectos del atleta de Ferrol. “Pedro era un hombre cariñoso y atento, pero de una personalidad ciertamente compleja”, advierte. “Precisamente, en esa forma de ser pudo estar la causa que impidió la gran explosión de sus enormes capacidades atléticas. Sus amigos bromeábamos sobre “los gemelos más potentes de Europa”. Realmente, esa parte de su anatomía era impresionante. Su enorme capacidad de salto le llevaba a superar 1,90 cm. del listón de altura, sin más técnica que encoger las piernas todo lo posible para no derribar ese listón ¡Extraordinario!”

Hay que poner de relieve que el 1,90 de Arteaga en 1962 le valieron para situarse en segunda posición del ranking de aquel año (empatado con Juan Ignacio Ariño), ocupando el primer lugar López Aguado con 1,97; y en los 400 metros presentaba una marca de 48.8, quinto puesto, figurando de líder Pablo Cano con 48.2.

Su momento de atleta júnior resultó de lo más fructífero. Y es que además compuso con Cano, Gabeiras y Barbeitos el cuarteto de 4×400 metros que estableció el récord español de la categoría (3:17.6) el 9 de julio de 1961 en San Sebastián; y también se puso la camiseta de la selección ante Portugal (dos veces), Francia y Bélgica.

Equipo de relevos 4×400 que consiguió el récord de España en Berna en 1966. De izquierda a derecha, Pedro Arteaga, Ramón Magariños, Enrique Bondía y Manuel Carlos Gayoso

Estuvo entre los quince españoles que concurrieron a los IV Juegos Mediterráneos de Nápoles en 1963, cuando significaba mucho esta manifestación deportiva para los españoles y tenía por lo tanto cierto realce alcanzar medalla. Y Arteaga la obtuvo. Fue de plata como la de Suárez Garrudo, Barbeitos y Pablo Cano, componentes del relevo 4×400 metros con un tiempo de 3:13.7. Francia acabó primera en 3:11.8.

En suelo napolitano, en el estadio San Paolo, la carrera del relevo largo la inició Suárez Garrudo, quien le entregó el testigo a Arteaga, “que superó a griegos e italianos, pero viéndose distanciado por el francés Van Praag”, según Atletismo Español; después corrió Barbeitos y finalizó la carrera para asegurar la medalla Cano.

Arteaga compareció en los Campeonatos de España en la edición de 1960 en Montjuic, cuando pertenecía al equipo del Deportivo. Fue cuarto en altura y sexto en longitud. Y un año después, en idéntico lugar, reincidió en las mismas pruebas (cuarto en altura y octavo en longitud), aunque esta vez pudo pisar podio acompañando a sus compañeros coruñeses Mouriño, Prunell y González en el relevo 4×100 metros, para recoger el bronce (43.5), mientras que la plata se la adjudicaba el equipo de Guipúzcoa (42.9) y el oro el de Barcelona (42.9).

Ya en 1962, compitiendo en Riazor, afloró un poco más su enorme clase al llevarse la medalla de plata en altura con 1,80 y ser superado por Ariño con 1,85; en los 400 metros alcanzó la tercera plaza al correrlos en 48.8, mientras que Ramón Pérez, ganador, y Pablo Cano completaron la vuelta al anillo en 48.4.

El ferrolano, que disfrutaba de beca en la Residencia Blume de Madrid, se iba consolidando como un magnífico cuatrocentista y lo reafirmaba en 1963, en Montjuic, al acabar tercero (49.0) la carrera en la que resultó vencedor Pablo Cano (47.8), seguido de Francisco Suárez Garrudo (48.2).

Pero retomemos otra vez la palabra de José Antonio Díaz Núñez. “Recuerdo”, comenta, “que avanzada la primavera de 1964 llegó a Coruña cansado y bastante desmoralizado, ya que después de un largo y duro entrenamiento invernal no lograba la forma necesaria para afrontar con éxito las competiciones veraniegas. Manolo Fraga, nuestro recordado entrenador, le dio un “repaso” psicológico y le recetó además una interminable ración de diagonales en nuestro, por aquel entonces maravilloso, estadio de Riazor. Veíamos a Pedro, día tras día, correr relajadas progresiones por la verde yerba. La medicina fue acertada. Pedro Arteaga Bastida se proclamó aquel verano campeón de España absoluto de 400 m. lisos, con una marca de 48 segundos y 2 décimas. Fui feliz testigo, ya que yo participaba en aquellos campeonatos”.

Aquella cita de 1964 se llevó a cabo en el recinto madrileño de Vallehermoso en el mes de septiembre. En el podio, con Pedro Arteaga recogiendo su oro de 400 metros por sus 48.2, estuvieron el asturiano Francisco Suárez Garrudo, 49.5, y el catalán Enrique Bondía, 49.6; las otras posiciones de la carrera las ocuparon Ricardo del Campo, Enrique Aguinaga y José M. Álvarez.

“El coruñés Pedro Arteaga tiene unas condiciones magníficas”, se reconocía en Atletismo Español al dar cuenta de la carrera victoriosa en Madrid. “Parecía un poco apagado esta temporada, pero el muchacho se destapó en 400 metros, marcando el excelente registro de 48”2, lo que dio una clara victoria y la consecución de su mejor marca personal”.

Un alto en el camino de un grupo de atletas coruñeses. Pedro Arteaga es el séptimo de derecha a izquierda, con camiseta blanca

Para Arteaga, sin embargo, habría una nueva recompensa en aquel certamen del 64. Y es que completó el cuarteto coruñés de 4×400 con Rama, Díaz Núñez y Cándido Pazos que llegó a meta en tercer lugar, 3:23.5, siendo el triunfo para Salamanca, 3:20.3, y el segundo puesto para Pontevedra, 3:21.9.

Volvería el ferrolano a disfrutar de un puesto de honor en los Campeonatos de España de 1966 en Vallehermoso, donde fue medalla de bronce en 400 con 48.2, la misma marca con la que había sido campeón dos años antes. El fantástico pontevedrés Ramón Magariños, con 47.4, conquistó el oro, llevándose la plata Enrique Bondía, 48.0.

Inevitablemente conviene volver atrás, al año 1964, porque algún éxito más quedó en su poder. El 14 de marzo compitió brillantemente en la pista cubierta del Palacio de Deportes de Madrid. La revista Atletismo Español recogió así el momento: “Hubo una carrera, la más emocionante de la reunión, que resultó magnífica sobre 600 metros. Mantuvieron un constante codo a codo el coruñés Arteaga y el zaragozano Cano, vigilados muy de cerca por el luso Rocha. Los metros finales pusieron al público en pie y Arteaga resultó vencedor”. Le cronometraron 1:28, mientras Pablo Cano hacía una décima más y José Rocha terminaba en 1:28.5.

Y también en el 64 se apoderó del título nacional universitario en su prueba habitual de 400. Lo consiguió con un tiempo de 48.8, siendo para Roberto Sastre y Ramón Paune los otros puestos relevantes con 49.0 y 49.5.

“Todos los que conocíamos a Pedro”, concluye José Antonio Díaz Núñez, “sabemos de su enorme categoría y podemos afirmar, sin duda, que fue uno de los mejores atletas nacidos en nuestra querida tierra gallega. Sus amigos siempre le recordaremos y lamentamos su pérdida tan prematura”.

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