Fecha: 12 de marzo de 2015 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Ángeles Moinelo

Sin los mejores saltos

Tenía una facilidad pasmosa para saltar longitud, por lo que no necesitó prácticamente tiempo de aprendizaje para colocarse en la cima. Y era todavía una niña. Porque, con dieciséis años, Ángeles Moinelo (A Coruña, 1958) ya se convirtió en internacional absoluta. En 1976, en Madrid, fue la mejor en los Campeonatos de España al saltar 5,81 metros. Ese año realizó la que acabó siendo su mejor marca, 5,85, que se mantuvo como récord gallego durante 28 años, arrebatado por Ruth Ndoumbe en 2004 con 5,99. Ángeles Moinelo, que lejos del ámbito atlético se le conoce por Marian, concentró en 1975 y 1976 todos sus triunfos, que fueron varios. A partir de entonces se debilitó su fortaleza debido a una insuficiencia renal, que derivaría bastantes años después en un trasplante. Pese a todo, todavía en 1978 se mostraba con un mejor salto de 5,62, aunque ya se vio obligada a detenerse y a abandonar definitivamente el deporte que tanto amaba.

La saltadora de longitud coruñesa Ángeles Moinelo, campeona de España, fue cuatro veces internacional absoluta

De colegiala, en la Compañía de María, no se frenaba ante ninguna actividad física. “Hacía todo tipo de deportes”, comenta, pero esto no parecía ser suficiente puesto que su gran interés era otro: necesitaba conocer por dentro cómo era un estadio y todo lo referente a correr. “Me llamaba la atención muchísimo”. Por eso se acercó con una compañera, María Couceiro, hasta Riazor. Era la época invernal y varios atletas se entrenaban en la pista cubierta con un entrenador que se interesó por ellas. Vieron todo cuanto pudieron y como Ángeles mostró interés por dedicarse a aquello que veía, el amable técnico (que resultó ser José Díaz Rascado) les habló de la dureza del atletismo y que había que ser muy constante y no olvidarse de los estudios. Pero les dio la oportunidad de comenzar a entrenarse un día a la semana. Las dos acabarían integrándose en el Real Club Deportivo. Objetivo cumplido, aunque Ángeles se encontró en casa con el enfado de su progenitor porque no veía con buenos ojos que su hija se dedicara a eso de correr, aunque acabó cediendo. “A mí aquello me enganchó”, recuerda.

Por inverosímil que parezca, nunca le ha gustado correr, eso de hacer series y series. “Me horroriza correr”, dice rotunda. Pero se presentó en los Campeonatos de España de juveniles de 1974 en Barcelona para medirse en velocidad. Su nerviosismo era tan grande que fue descalificada por salidas nulas, aunque al instante le dieron la opción de poder saltar longitud. Nunca lo había hecho. “Me explicaron cómo se saltaba”. Ella puso de su parte el talento innato para este menester, se posó en unos prometedores 5,03 y se llevó la medalla de bronce.

La coruñesa parecía haber dado en la diana. Había encontrado su prueba. Díaz Rascado, que era quien la dirigía, decidió que un día al menos se pusiera en manos del saltador de longitud Antonio Prunell para que le enseñara aspectos varios de la disciplina. Esto trasladaba a Ángeles a otra dimensión. “Me gustaba muchísimo”, afirma. Y de ahí a un tiempo surge en escena otro personaje que resultó fundamental: el entrenador Carlos Vila. Por eso explica: “El que verdaderamente me especializó a mí en longitud fue Carlos Vila. Él me sacó adelante”. Le atribuye todo el mérito. Él fue el que planificó totalmente su preparación. Y ya por entonces se entrenaba todos los días.

Los excelentes resultados no se demoraron. Acude el día 1 de marzo de 1975 a Madrid a los Campeonatos de España de pista cubierta y, con un mejor salto de 5,28, se adjudica la medalla de bronce, aunque con idéntica marca que la segunda clasificada, A. Laiseca. El triunfo recayó en Emilia Mesa, 5,34.

Unos días después, en concreto el ocho, en el Palacio de los Deportes de Madrid, donde había sido tercera absoluta, conquistó el título nacional juvenil con 5,55, superando con claridad a Olga Dalmau, 5,33, y M.L. Samos, 5,32.

Quizás quiso experimentar, quizás quiso divertirse a lo grande, o fuera por lo que fuera, el caso es que el 24 y 25 de mayo de ese ya fructífero 1975 participó en Lugo en los Campeonatos de Galicia de pruebas combinadas para juveniles. Quedó campeona con 3.081 puntos por delante de Rosa María Pena (2.737), Ana Rosa Fernández (2.606) y María Couceiro (1.153). Ángeles realizó estas marcas: 13.2 en 80 metros vallas, 9,18 en peso, 1,30 en altura, 5,36 en longitud y 27.5 en 200 metros.

Discurrir tan satisfactorio tenía a la fuerza que tener un premio gordo. Lo tuvo. El 14 de junio de ese año 1975 fue llamada a la selección española absoluta para contender en la quinta Copa de Europa Bruno Zauli en Madrid, en el estadio de Vallehermoso. Participaron atletas de seis naciones: Checoslovaquia, Bélgica, Suiza, Suecia, Portugal y España.

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Ángeles Moinelo, a la izquierda, con compañeras de la selección española en Atenas en 1976

Blanca Miret se refiere en Atletismo Español al gran avance que había dado ese año la juvenil Ángeles Moinelo, al batir su marca personal con 5,60, aunque le correspondió ese día el último puesto (la portuguesa H. Relvas la superó en tres centímetros). La victoria se la llevó la suiza Isabelle Lusti con 6,51. Las cuatro primeras clasificadas superaron los seis metros. La selección triunfadora fue Checoslovaquia, con España en penúltima posición.

Un mes después de su debut internacional, la madre de Ángeles manifestaba en el diario Marca que su hija había “cambiado totalmente con el atletismo, donde la atienden muy bien, tanto por parte de la Federación como de su equipo, el R.C. Deportivo”. Y descubría un aspecto negativo de ella, y era que “apenas rendía en el colegio”. Pero esto pertenecía al pasado. “Hoy con el atletismo”, concluía su madre, “merced a su amor propio y a una extraordinaria fuerza de voluntad, es también una excelente estudiante. Estamos muy contentos con ella”.

Ángeles, por su parte, se mostraba feliz; sentía la cercanía de la gente afín al atletismo y eso, jovencita como era, se quiera o no le daba tranquilidad. “Me cuidaban mucho”, comenta. Y recuerda con cariño la figura del presidente de la Federación Coruñesa, Manuel Gila. “Me traía como si fuera su hija. Siempre estaba pendiente de mí. Fue a algunos campeonatos de pista cubierta a animarme. Y es que yo cuando me ponía muy nerviosa hacía nulos; bueno, como cualquier cría…”. Pero el hecho de mirar a la grada y observar allí a Manuel Gila entre el público, infundiéndole ánimos, le transmitía una serenidad impagable.

Volvería ese año 1975 a vestir la camiseta roja de España. Ocurrió en el enfrentamiento contra Dinamarca en Lyngby, el 16 de agosto. Ese día hizo acto de presencia la lluvia cuando le correspondió saltar a la coruñesa, de tal manera que la citada Blanca Miret escribe sobre el mérito que tuvo al saltar 5,66 “calada de pies a cabeza y concursando casi a ciegas, pues la lluvia llegaba casi horizontal ayudada por el viento racheado”.

Las dos danesas, L. Jensen y A. Sundby, fueron las mejores con saltos de 5,87 y 5,72 respectivamente, mientras Ángeles aventajaba con claridad a su compañera Unanúe, pues ésta solo saltó 5,28. El resultado final del encuentro fue muy favorable a Dinamarca: 93 puntos a 53.

Si 1975 resultó para Ángeles un año espléndido, el de 1976 todavía fue mejor. Toma parte el 7 de febrero en los Campeonatos de España en sala en Madrid, superando un puesto con respecto al año anterior. Esta vez fue subcampeona con 5,59. La triunfadora fue C. Cocolina, con 5,68, y la tercera C. Nogués, 5,55. Pero la gran actuación de la coruñesa en pista cubierta había de tener lugar el 4 de diciembre de ese año 1976 al conseguir en su ciudad 5,84, superando así en un centímetro la mejor marca nacional que estaba en poder de Rosa Colorado desde el 14 de febrero.

Pero demos unos cuantos pasos atrás. Cuando estaba próximo a finalizar el mes de junio, en las pistas madrileñas de Vallehermoso alcanzó el título nacional absoluto en longitud con un dominio que no dejaba dudas. La atleta del Deportivo llegó hasta los 5,81 metros y sus competidoras más aguerridas, Lourdes Unanúa y Carolina Nolten, alcanzaron los 5,59 y 5,56. Y un mes más tarde se coronaba también como la mejor de España en categoría júnior al saltar 5,52 mientras que Laiseca se quedaba en 5,36 y De Gregorio en 5,34.

Dos veces más defendió los colores de España. En Durham (Gran Bretaña), el 17 de julio se enfrentaron País de Gales, Grecia, Irlanda y España, no saliendo ganador el conjunto español por medio punto. Éste fue el resultado final: País de Gales, 121 puntos; España, 120,5; Grecia, 116,5; e Irlanda, 90.

Entre ocho saltadoras, no le fue del todo mal a la coruñesa ya que acabó en cuarto lugar con 5,47. Delante de ella tuvo a Giannakidou (Grecia) 5,97; Howell (P. Gales) 5,80 y Regan (P. Gales) 5,47, igual marca que Ángeles, quien superó a Pagdati (Grecia) 5,42; Glavin (Irlanda) 5,33; Good (Irlanda) 5,25, y a su compañera Lourdes Unanúa, 5,01.

Atletas del Real Club Deportivo en 1973. Ángeles Moinelo es la tercera por la izquierda, de pie

Se despidió de la selección el 28 de agosto de 1976 en Trípoli (Grecia), con la satisfacción de conseguir 5,85 (su mejor marca personal) y el tercer puesto, por delante de Isabel Montañá, 5,61. Las dos griegas, Lambrou y Yamakinou, se mostraron muy superiores con saltos de 6,43 y 6,39 respectivamente. Por equipos ganó Grecia, 70 a 65.

De su paso por la selección española guarda el recuerdo imborrable del buen trato que le dispensaron las compañeras, siendo Olga Dalmau, a pesar de ser rival en longitud, con la que mejor sintonizó. Ángeles agradeció siempre que se hubiesen preocupado por ella, que la quisieran tener cerca y que la consideraran como si fuera una de ellas. Haber sido aceptada le producía un enorme orgullo.

La vida le golpeó con dureza en 1977. Además de fallecer sus padres, la insuficiencia renal que padece, “porque yo nazco con este problema”, hace acto de presencia y lógicamente se detiene con brusquedad su deslumbrante progreso atlético. Deja su ciudad y se instala en Madrid para estudiar en el INEF, algo que tenía decidido desde jovencita. El atletismo no lo abandona del todo, pero ya no es lo mismo. La prueba más evidente se refleja en el ranking nacional de ese año en el que figura en el puesto vigésimo con 5,48, cuando en el de 1975 era la tercera (5,66) y en 1976 la segunda (5,85).

Se resiste al adiós y en 1978 unas veces está y otras veces no está; es una constante. Está fichada por el CUM y el 14 de mayo en la capital de España se sobrepone a todo y es capaz de irse hasta los 5,62, otorgándole en el ranking anual el octavo puesto (empatada con otras dos atletas), siendo la primera María José Martínez Guerrero con 5,99.

Parece claro que Ángeles Moinelo (campeona gallega en 1974, 75, 76 y 77) se quedó sin poder realizar sus mejores saltos. Daba la impresión de estar capacitada con creces para ello. Saltar los 6 metros no era entonces un imposible. Los tenía a mano. “En entrenamientos salté más de 6 metros”, indica.

Profesionalmente, ejerció como profesora de Educación Física en Betanzos, Arteixo y A Coruña. Casada con José Manuel Cardesín, profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física de la Universidad de A Coruña y sobresaliente lanzador de martillo, tienen tres hijos. La pasión del marido por la vela le llevó a Ángeles a integrarse, muchos años después de haber dejado de ser atleta, en el barco de éste para competir en regatas de cruceros. Entre sus triunfos, una Copa del Rey en Mallorca en una de las categorías. Que no es poco.

Comentario en “Ángeles Moinelo

  1. Angeles Carro Cubeiro

    Me ha gustado mucho el articulo. Pero en la foto del equipo de atletas faltan algunas. Entre ellas otra chica y yo.
    Fuimos un grupo de chiquillas de la Compañía de María. No solo Maria Couceiro y Marian las que llegan juntas al atletismo. Cuando se inauguro la pista cubierta fuimos representando a nuestro colegio. Y alli nos vieron los del deportivo y nos ficharon. Perdonar por la puntualización. Un saludo.

     
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