Fecha: 4 de septiembre de 2014 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Hechos

Los coruñeses vibran con los Mundiales Militares de 1964

Javier Álvarez Salgado, que fue capaz de desplegar una carrera más que brillante como atleta, con cinco plusmarcas nacionales y una doble participación olímpica, en México 1968 y Múnich 1972, mantiene sin apreciable titubeo que su victoria más sobresaliente, la que más le llega al corazón, fue la que obtuvo en A Coruña, en agosto de 1964, cuando ganó los 3.000 metros obstáculos de los Mundiales Militares. “Fue el triunfo”, dice, “más importante de mi vida deportiva porque me ha marcado el camino a seguir y porque aquel día fue impresionante en todo: el entorno, la victoria y que era mi primer gran triunfo”.

Javier Álvarez Salgado, tercero por la izquierda, durante los Mundiales Militares de 1964 en Riazor. A la izquierda, el atleta Carlos Pérez, integrado en la organización

Javier Álvarez Salgado, tercero por la izquierda, durante los Mundiales Militares de 1964 en Riazor. A la izquierda, el atleta Carlos Pérez, integrado en la organización

El 7 de agosto de 1964, en la segunda jornada de los XIX Campeonatos Internacionales de Atletismo del C.I.S.M. que congregaron en el estadio de Riazor a militares de quince países, Javier Álvarez Salgado emocionó de manera increíble a los espectadores con un final de carrera antológico. Al afrontar la última vuelta de los 3.000 metros obstáculos, el vigués tenía por delante a los tunecinos Labidi y Mastouri y el marroquí El Ghazi. Fue capaz de superar a Mastouri cuando todavía faltaba algo más de cien metros para el final y ahí, en ese tramo decisivo, se produjo la explosión. En La Voz de Galicia se relató este momento crucial: “Quedaban delante de él –luchando por el primer puesto- Labidi y El Ghazi, pero una duda de ambos al tomar el último obstáculo, fue aprovechada espléndidamente por el español para, en los últimos veinte metros –corridos a uña de caballo por los tres- imponerse Álvarez Salgado, ante el griterío ensordecedor de los 20.000 espectadores que, incrédulos, fueron testigos de la carrera más sensacional habida en el Estadio de Riazor”. En Atletismo Español se escribió: “Su carrera puede quedar como ejemplo de cálculo dosificador de energías”.

La espléndida actuación la finalizó Salgado en 8:56.6, récord internacional del C.I.S.M., el tunecino Labidi acabó segundo en 8:56.8 y la tercera posición la obtuvo el marroquí El Ghazi en 8:58.6. El también español Jesús Fernández terminó quinto en 9:8.4.

Javier Álvarez Salgado, que recibió la medalla de oro de manos del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, dijo al finalizar la prueba a La Voz de Galicia: “He de agradecer la gran ovación que me dispensó el público coruñés en el momento de la llegada y cuando subí al pódium, así como las voces de aliento en la última vuelta. En verdad estoy abrumado por tanta simpatía que encuentro a mi alrededor. Esto es maravilloso. Mis esperanzas estaban en el tercer puesto, y ya ves”.

La tarde del 5 de agosto,  el general norteamericano Lawrie, delegado del presidente del C.I.S.M., declaró inaugurados los campeonatos desde el balcón del Ayuntamiento coruñés, en la Plaza María Pita, ante los atletas participantes allí formados. Los quince países que intervinieron en la competición fueron: Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Grecia, Irak, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Marruecos, Holanda, Pakistán, Portugal, Túnez y España. Las pruebas se desarrollaron del 6 al 9, y la jornada del día 8 fue nocturna, inaugurándose la iluminación en el estadio de Riazor.

Vista parcial del estadio de Riazor durante la competición militar de agosto del 64 (Atletismo Español)

Al comandante Manuel Fraga Ferrant, protagonista al más alto nivel de estos Mundiales Militares por ser un eficaz personaje del atletismo, se le preguntó por la valía del equipo español, respondiendo en La Voz de Galicia: “Se aproxima un mucho a la selección española que pueda formarse”. Y es que habían sido convocados atletas de indudable calidad como Ignacio Sola, Luis Felipe Areta, Díaz de la Gándara, Manuel Carlos Gayoso, Alfonso Carlos de Andrés, José Rodríguez Quinteiro, López Aguado, José Otero, Sánchez Paraíso… Manuel Fraga Ferrant era entonces el entrenador del santiagués Ángel Calle, también integrado en el equipo militar y que unos días antes, el 30 de julio, había batido el récord de España de 200 metros en Madrid en 21.3. Por esta circunstancia se le preguntó si podría llegar hasta los 21 segundos, lo que le daría derecho a acudir a los Juegos Olímpicos de Tokio. “Llevamos dos años trabajando de firme”, indicó Fraga. “Puedo afirmar que Calle está en condiciones de hacer esa marca; ahora bien, como en todos los órdenes de la vida, hace falta que en el momento crucial la suerte no le vuelva la espalda y, en esto hay diversos factores que pueden hacerse notar en uno u otro sentido”.

Cuando llegó el momento de ver en acción a Ángel Calle, la decepción fue mayúscula. Se clasificó segundo en la cuarta eliminatoria de los 200 metros, con la misma marca que Kdiday, de Irak, 22.3, pero fue el último de la primera semifinal con una marca de principiante, 25.2, tras abandonar la pelea. “Desistió de luchar”, reflejó un cronista local. El público, claro, mostró su disgusto, escuchándose algún silbido.

Ángel Calle, analizando su pobre actuación, encontró en el viento “una gran preocupación”, aunque hubo algo más. “Influyó también un enorme afán por hacer una gran carrera. Basta que tengas un firme y decidido interés en lograr un triunfo para que todo salga mal”. Afirmó no estar en absoluto obsesionado con batir su propio récord, que su nerviosismo se incrementó por una salida nula y también que había habido un error en el horario de semifinales, por lo que su calentamiento no había sido el adecuado. “Cuando me paré estaba totalmente desmoralizado y vi que no tenía posibilidad alguna de clasificarme ni aún haciendo un tremendo esfuerzo. Me acordé entonces de que teníamos la prueba de relevos”. Al parecer, tenía su importancia. “La tiene, qué duda cabe”, indicó. “Por ejemplo: Pérez Villar, que estaba clasificado para correr las semifinales de 200, no lo hizo por pensar en el relevo”.

Además de la medalla de oro conseguida por Javier Álvarez Salgado, el equipo español contabilizó tres más por mediación de Alberto Díaz de la Gándara en peso, Luis Felipe Areta en triple salto y Alfonso Carlos de Andrés en jabalina, con el añadido de que los tres revistieron el oro con el récord nacional.

El santanderino De la Gándara ganó el lanzamiento de peso con 17,06, teniendo en el francés Colnard, con 16,94, a su rival más temible puesto que el tercer clasificado, el belga Szostak, se quedó en 15,65.

Por la izquierda, Antonio Prunell, Pérez Villar, Díaz Núñez y Ángel Calle, cuatro de los gallegos en los Mundiales Militares de A Coruña

Incontestable el triunfo de Luis Felipe Areta en triple salto con un registro de 16,17, muy superior a los demás competidores ya que el portugués De Andrade, segundo, llegó a 14,79 y el francés Luciano, tercero, hizo 14,54. En Atletismo Español, tras recalcar que el guipuzcoano disfrutó de un gran día (efectuó otro salto de 16,14), se le alabó en estos términos: “Es un espectáculo maravilloso ver a nuestro campeón cuando se impone de forma tan rotunda o cuando –como sucedió en longitud dentro de los Juegos Iberoamericanos- ha de luchar contra un rival que le disputa la victoria. No cabe la menor duda de que Luis Felipe Areta, en los tiempos actuales, es nuestro mejor y regular atleta”.

Emocionante fue la final de lanzamiento de jabalina puesto que hasta la última ronda encabezaba la prueba Nawaz, de Pakistán, con 71,51, seguido de Pieracos, de Grecia, con 71 metros. El aragonés Alfonso Carlos de Andrés era tercero hasta que, en su definitivo tiro, se fue hasta los inalcanzables 72,03.

Hubo otros atletas españoles que, sin poder disfrutar del oro, tuvieron una actuación meritoria porque pisaron el podio para llevarse la plata y el bronce. Ufer, Gayoso y Consegal fueron subcampeones en 110 vallas, 400 vallas y pértiga respectivamente, mientras que Sánchez Paraíso quedaba tercero en 200, al igual que el equipo de relevos de 4×400.

En la formación del relevo largo estuvo José Antonio Díaz Núñez (Pontecesures, 1943), que no había conseguido llegar a la final de 400 metros porque se clasificara en cuarta posición (50.6) en la tercera semifinal. Pero se desquitó como relevista con una medalla que para él no tiene precio. Recuerda que le correspondió hacer el primer relevo. “Me salió el relevo de mi vida. Me habían cronometrado 48.6, 48.5… Hice un marcón”. Le entregó el testigo a Cano, “que era uno de los mejores corredores de España de 400”. Después entró en acción el también gallego Pedro Arteaga, “un fantástico corredor de 400, saltaba altura, era un atleta integral”. Y la actuación la cerró el pontevedrés Manuel Carlos Gayoso, del que comenta Díaz Núñez que “hizo una heroicidad. Se coló tercero in extremis”.

Los Mundiales Militares de 1964 dejaron para la historia estos otros campeones: Laidebeur (Francia) 10.8 en 100 metros, Ottolina (Italia) 20.8 en 200, Mahieu (Francia) 48.4 en 400, Klaban (Austria) 1:49.4 en 800, Allonsius (Bélgica) 3:47.0 en 1.500, Gamoudi (Túnez) 14:12.6 en 5.000, Clerkx (Bélgica) 29:30.6 en 10.000, Mazza (Italia) 14.5 en 110 metros vallas, Geeroms (Bélgica) 52.9 en 400 vallas, Italia 40.7 en 4×100  metros, Francia 3:14.2 en 4×400, Vallayes (Francia) 2,00 en altura, Kaddour (Francia) 7,34 en longitud, Papanicolau (Grecia) 4,60 en pértiga, Hamed Nayif (Irak) 48,45 en disco, y Thun (Austria) 67,40 en martillo.

El acontecimiento atlético militar llevado a cabo en agosto de 1964 en A Coruña contó con una respuesta admirable por parte del público, aspecto este que se recuerda siempre que se menciona algún rasgo significativo del certamen. En la edición del 9 de agosto La Voz de Galicia, a todo lo ancho de sus siete columnas, titulaba en su página cinco: “40.000 personas ovacionaron a los nuevos campeones del C.I.S.M.”. En la crónica se explicaba: “Realmente impresionante ha sido la jornada nocturna de ayer. No sólo por la inauguración de la iluminación del Estadio, sino también por el gentío inmenso que abarrotó totalmente los graderíos de Riazor”.

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