Fecha: 10 de julio de 2014 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Pepe Casal

Pilar en la creación del CUA

Por la izquierda, Pepe Casal, Ramón Magariños, José Rodriguez Quinteiro y José Luis Torrado en Balaídos en 1967

Velocista en el Celta, aceptó la propuesta que le hizo el catedrático Ernesto Viéitez Cortizo en Madrid para integrarse en la Universidad de Santiago de Compostela con una beca deportiva y acabó siendo pieza fundamental en la creación del CUA (Club Universitario de Atletismo). Trascurridos unos años, José Ángel Casal (Vigo, 1950), más conocido por Pepe Casal, encontró en el baloncesto el lugar idóneo para encumbrarse. Con él como entrenador ascendió el Obradoiro a Primera División (ACB después), colaboró con Aíto García Reneses en el FC Barcelona, moldeó cuanto pudo a Pau Gasol y, en 2008, era uno de los componentes de la selección española que se colgó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Como estudiante en el colegio El Pilar de los Hermanos Maristas en Vigo no sobresalía ni en baloncesto ni en balonmano, hasta que un día hicieron una competición para ir a correr a Pontevedra. “Gané la prueba que era correr a lo largo del patio del colegio”, indica. Y en el estadio de la Juventud se mostró con nervio y velocidad suficientes ante otros escolares. Se le vio con posibilidades. “Alfonso Posada me localizó, habló con mis padres y me pidió si quería practicar atletismo. Y ahí fue cuando empecé”.

En el momento que cerró su capítulo de atleta llevaba consigo una marca de 10.9 en 100 metros, 22.1 en 200 y 50.1 en 400. “Realmente yo era un velocista aceptable. Siempre me movía en el umbral de los 11 segundos, que era un poco mi tope. Era bastante regular y fui muy buen competidor”. Añade, además, algo que debe valorarse convenientemente: “Era capaz de hacer grupo y equipo. Siempre conseguíamos muy buenos resultados en los relevos porque me encargaba de aglutinar a la gente, de conseguir entrenarlo”.

Pepe Casal (121), triunfando en Madrid en una competición entre universitarios

El 28 de mayo de 1967, después de unos días lluviosos, asomó por fortuna el sol en el momento de celebrarse en Balaídos la tercera edición del Memorial Juan José López, en el que contendieron atletas del Celta y el F.C. Porto. La pista estaba encharcada, “levantándose un  viento contrario en la recta de llegada que era como una pared para los atletas”, escribió Alfonso Posada. El conjunto del Celta compuso un equipo de 4×200 metros que formaban el juvenil José Ángel Casal y los internacionales José Rodríguez Quinteiro, Rogelio Rivas y Ramón Magariños. Finalizaron con un tiempo de 1:28.7, a una décima del récord español absoluto, en poder de la selección pontevedresa. Posada se quejaba: “La media de 22.1, para un equipo de club, es muy interesante. Lo que nos sorprende es que no haya records oficiales de clubs en España, al igual que existen en otros muchos países”.

La mejor actuación de José Ángel Casal en los Campeonatos de España, que en algunos estuvo (cierto que no pasó de las primeras escaramuzas), se encuentra en 1967, hacia finales de septiembre, aunque colaborando con su empuje al triunfo del grupo pontevedrés de 4×100 metros. Iglesias, Casal, Quinteiro y Magariños compusieron el relevo que le dio la victoria (42.5) sobre Guipúzcoa (42.6), Madrid (42.7) y Salamanca (43.0).

Aunque estos rutilantes éxitos (el 4×200 de mayo en Vigo y el 4×100 de septiembre en Madrid) están lógicamente repartidos entre los cuatro componentes, no es menos cierto que Casal correr corría, que en él había madera de buen velocista. Y tanto es así que le abrieron las puertas de la Residencia Blume de Madrid, él dice que prematuramente, buscando una esperada progresión. “Alfonso Ortega, que era mi entrenador, habló con los técnicos de la Blume, me hicieron una prueba y me dieron una beca”. Pero no entró con buen pie en aquel curso 68-69. “Fue un año durísimo porque tuve la desgracia de lesionarme: una rotura de fibras al comienzo de temporada. Tardé muchísimo tiempo en curarme. Cuando ya estaba más o menos bien, volví a recaer y prácticamente pasé la temporada en blanco”.

Relata que era mayo de 1969 cuando, en el transcurso de una competición en Madrid, el profesor Ernesto Viéitez, responsable del área deportiva en la Universidad de Santiago, habló con él y con Quique Vázquez Astray de sus proyectos y les pidió que aceptaran una beca para retornar a Galicia. “Ya no tuvimos ni la opción de dudar, independientemente de que la renovación en la Blume no era un tema claro para ambos”, escribió Pepe Casal en El Correo Gallego en 1997 cuando el CUA ya era CDU y acababa de ascender a la División de Honor.

Pau Gasol preprándose con Pepe Casal

“El primer año en Santiago no fue fácil”, comenta. Dispusieron de una beca diez deportistas que se instalaron en los bajos del Observatorio Astronómico, enfrente del Gimnasio universitario y a una distancia insignificante de las pistas de atletismo. Todavía entonces cada atleta defendía su club de origen, aunque formaban bloque cuando se trataba de intervenir en algún torneo universitario. Eran, en todo caso, los primeros movimientos de lo que acabó siendo el nacimiento del CUA. “Yo estaba todo el día dándole la vara como se dice coloquialmente a Ernesto Viéitez, que era un adelantado de su época en el mundo del deporte, para crear un club de atletismo. Teníamos instalaciones, teníamos becas y era una pena no tener un club”.

El entusiasmo colectivo hacía presagiar que habría de inmediato un club federado, como así fue, porque en la temporada 1970-71 ya se fundó el CUA. Pero aquellos jóvenes estudiantes, con Pepe Casal agitando el cotarro, tuvieron que hacerlo casi todo, desde diseñar la camiseta (quedó en el color amarillo después de haber pensado en el blanco), hasta confeccionar los estatutos y establecer el reglamento interno. “Recuerdo que con un compañero, también becado deportivo, éste era de halterofilia, Antonio Rodríguez Palmeiro, llegamos a hacer máquinas en el gimnasio. Hicimos una prensa de piernas diseñada para proteger un poquito la espalda porque solamente teníamos un carro de pesas y el máximo que podíamos poner eran 120 kilos. Y claro, 120 kilos para hacer media sentadilla no valía para nada. Palmeiro y yo inventamos allí un artilugio. Hicimos dos máquinas para poder cargar peso y las pesas eran trozos de hierro con un agujerito en el medio”.

De aquellos inicios del CUA dejó constancia Pepe Casal en El Correo Gallego: “Al año siguiente, segundo año de las becas deportivas, don Ernesto y el rector se lanzaron y las becas se amplían a 25, pasando a vivir en un Colegio Mayor recién inaugurado, el hoy Rodríguez Cadarso, a tiro de piedra de las pistas, y con unas perspectivas de futuro para el CUA increíbles”. Convencido estaba de que se había hecho algo para tener en cuenta: “Se creó un club que de la nada pasó a contar con una importante infraestructura deportiva y un gran potencial atlético que hizo que la Universidad de Santiago fuese ejemplo y referencia”. Y sentencia: “Llegamos a tener un auténtico equipazo”.

Su incorporación al baloncesto se produjo a través de un compañero de facultad, Fernando Rodero, que dirigía el equipo júnior del Obradoiro y le pidió que acudiera a presenciar un entrenamiento para ver qué se podría hacer para mejorarlo. Pepe Casal fue claro y rotundo: le dijo que había que entrenar porque lo que estaban haciendo no valía. “Empecé con ese equipo júnior. Era técnicamente aceptable pero físicamente muy flojo. Mejoraron bastante porque los chavales entrenaron”. Y después lo reclamó para el primer equipo del Obradoiro José Manuel Couceiro, que había reemplazado en el puesto de entrenador a Alfonso Rivera. Se acabó involucrando tan intensamente en el baloncesto que dejó el atletismo a los 24 años, aunque siguió compitiendo con el Celta (volvió a él cuando ya no tuvo beca deportiva en el CUA) hasta los 30, pero prácticamente ya no se entrenaba. “Siempre me llamaban para los relevos”.

Por la izquierda, Pepe Casal, Rafa Nadal y Aíto García Reneses en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008

A Aíto García Reneses lo conoció en Santiago de Compostela cuando estaba de entrenador ayudante de la selección española júnior con Ignacio Pinedo en un torneo europeo en 1976. Al dejar Lombao su puesto de preparador físico se lo ofrecieron a Pepe Casal. “Al año siguiente a Aíto lo nombraron seleccionador nacional juvenil y me pidió que fuera con él a la selección. Y de ahí partió una amistad que se mantuvo con el paso de los años”.

Ilusionante fue para el vigués su entrada en el equipo de baloncesto del FC Barcelona, reclamado por García Reneses, lo que le llevó a alejarse por un tiempo de su puesto de trabajo en la Xunta. “Fue una etapa con dos retos muy importantes: la de ser preparador físico de un equipo que en aquella época tenía la mejor estructura organizativa desde el punto de vista del baloncesto profesional, y también porque tenía el reto de sacar adelante a dos jugadores, Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, que era el objetivo que me marcó Aíto cuando me fichó. Fue un trabajo muy bonito”. Después, cuando Pau Gasol se iba proyectando cada vez más como un jugador soberbio, el que estuvo a su lado como preparador físico personal era Pepe Casal.

En los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, el seleccionador Aíto García Reneses volvió a contar con él entre su grupo de colaboradores. El exatleta del Celta y el CUA vivió una inolvidable experiencia, con el equipo diputando la medalla de oro a la selección de Estados Unidos, aunque su enfado en la final fue “morrocotudo y mortal” por el arbitraje. “Por primera vez perdí los papeles en un banquillo. Nunca en mi vida lo había hecho. Llegué a insultar a los árbitros porque tuvimos un arbitraje NBA en vez de un arbitraje FIBA”. Tiene el convencimiento de que, de no ser así, España pudo haber ganado el oro. “Hubiera sido algo histórico. Fue el mejor partido que he visto jugar a la selección española en muchos años”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *