Fecha: 7 de agosto de 2014 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Fernando Bremón (I)

Solo le entusiasmaba competir

 

El coruñés Fernando Bremón

Poseedor de unas condiciones inmejorables para el deporte, destacando en cuantos decidió integrarse, atletismo, baloncesto, natación, hockey sobre patines o sobre hierba, también fútbol, Fernando Bremón (A Coruña, 1930-1989) quedó campeón de España de 400 metros en 1954 y 1955, y también de 200 este último año. Y con el equipo nacional de 4×400 obtuvo el récord español en cuatro ocasiones. Fue diez veces internacional absoluto. En tres años de la década de los 50 nadie lo superó en marca en los 400 metros, su distancia favorita: en 1952 mandaba con 51.2, en 1955 con 49.7 (también era el primero del ranking en 200 con 22.8) y en 1958 con 49.8. Su reconocida valía se perpetuó en el tiempo de tal manera que en su ciudad existe una instalación deportiva que lleva su nombre.

Los Bremón eran tres hermanos y el pequeño, Carlos, sobresalió igualmente en el deporte. Se interesó por el atletismo y fue un magnífico nadador. Ejerció como entrenador del equipo de natación Marina de Ferrol y, en esta ciudad, donde echó raíces, se desvivió por el surf, siendo uno de los que impulsaron el Océano Surf Club a finales de los años 80, el punto de partida del Pantin Classic, competición de rango internacional y muy valorada. Pues bien, Carlos habla con devoción de su hermano Fernando: “Era un deportista aclamado y reconocido. Todos los que le conocían lo admiraban. En el hockey y el baloncesto eran míticas sus broncas a causa de alguna jugada polémica. En cuanto al fútbol, mamá me había contado que, siendo yo muy pequeño todavía, es decir, cuando mi hermano tendría sobre los veinte años, lo llamaron del Celta de Vigo para probarlo. Pero, ironías del destino, ese día estuvo fatalmente torpe y naufragó como futbolista profesional”.

En el momento en que Fernando Bremón se coronó por primera vez campeón nacional de 400 metros (también fue tercero en 200), en 1954, ya era poseedor de un bagaje significativo en los Campeonatos de España. Porque en 1950 y 1951 había alcanzado el tercer puesto y en 1952 y 1953 terminara segundo, aunque este último año había sido descalificado por pisar otra calle. José Corominas se refiere a él, resumiendo 1954, con estas palabras: “Bremón, que posee una notable velocidad natural, puede mejorar mucho sus registros de ahora, lo que permitiría formar un buen equipo de relevos en los Juegos Mediterráneos”.

Los tres hermanos Bremón. Fernando está a la izquierda

La de 1955 fue una temporada fantástica para el coruñés. Estuvo crecido en los Campeonatos de España celebrados en Barcelona. Su figura se agrandó. Eso es incuestionable. Subió cuatro veces al podio, dos de ellas como triunfador individual. En los 200 metros, que los corrió en 23.0, se impuso a Francisco Tuduri, 23.5, y a Emilio Ponce, 23.9; la cuarta plaza la ocupó el también gallego José Luis Torrado, 24.0. Y en los 400 no hubo manera de contrarrestar su empuje. Él los terminó en 49.7, mientras que el vasco Echeandia los hacía en 50.0 y el catalán Francisco Ruf en 50.9.

En los dos relevos de aquel certamen nacional estuvo Fernando defendiendo el equipo de Galicia. En 4×400, con Tapia, Iglesias y Torrado y un registro de 3:28., se alzó con el triunfo por delante de las formaciones catalana y vizcaína. Y en 4×100, con Paniagua, Guillén y Sanjuán, los 44 segundos de esta carrera les valió para ser subcampeones, al ser superados por la Federación Centro, 43.8.

El caso es que este año 1955 fue el de la celebración de los Juegos Mediterráneos en Barcelona y teniendo en cuenta el buen rendimiento del equipo español en el relevo de 4×400 habrá que darle la razón a lo que presagiaba José Corominas. Y es que el 24 de julio, en las pistas de Montjuic, Bremón, Cruz, Ruf y Cabrera batieron el récord de España al conseguir 3.20.0 y un quinto puesto en la final.

Para Fernando todavía quedaba una última oportunidad de ser medallista individual en los Campeonatos de España. Sucedió en los celebrados en Tolosa, en el estadio de Berazubi, en julio de 1959.  Después de quedar tercero (51.4) en la segunda semifinal de 400, consiguió la misma posición en la final, aunque con mejor tiempo (51.1). Fue batido por el asturiano José Luis Martínez (50.1) y el madrileño Jesús Rancaño (50.5).

Fernando, a la derecha, con su madre y su hermano mayor en el río Mandeo

Pero volvamos a Carlos, el hermano pequeño de Fernando que, con doce años, había comenzado a practicar atletismo en el colegio y acudía a diario a entrenarse al estadio de Riazor una vez finalizadas sus clases matutinas. Dejémoslo que se explique: “Pronto necesité unas zapatillas de clavos para las pruebas escolares. Y se lo dije a él: Fernando, ¿me regalas unas zapatillas viejas, de las que ya no usas? Te quedarán grandes, me dijo; es igual, le contesté. Y me dio unas gastadas Adidas que para mí fueron un tesoro. Antes de ponérmelas las miré y remiré una y otra vez; aquellas zapatillas posiblemente habían sido las vencedoras en el campeonato de España de Tetuán, en el 54, o en Barcelona en el 55. Aunque eso sí, eran un número 42 y yo usaba un 39. Pero eso me daba igual, eran las zapatillas de mi hermano y eso garantizaba que me harían correr más deprisa que nunca lo había hecho hasta entonces. Y, por supuesto, corrí con ellas como una centella, quizás porque mi hermano había dejado algo de su clase y de su fuerza en aquellas zapatillas, para que yo la tuviese en las competiciones a las que me iba a presentar”.

Carlos se convirtió en un atleta triunfador. Ganó carreras de 600 y 1.000 metros, “que eran las distancias que a mí me gustaban”. Supo luchar certeramente contra el cronómetro.  “Llegué a hacer una marca que, con el tiempo, supe que era magnífica para un chaval de 15 años: 2:49 en el kilómetro. Aunque eso sí, para entonces ya tenía mis propias zapatillas”.

Quedémonos ahora con otro aspecto de la vida familiar de los Bremón que nos revela Carlos: “La niñez de Fernando estuvo marcada, como la mía años más tarde, por las semanales excursiones que hacía al campo y a la playa con nuestros padres y mi otro hermano, dos años mayor que él. Ahí quizás fue donde desarrolló sus cualidades físicas, brincando monte arriba, o nadando en las frías aguas de las playas a las que a mis padres les gustaba acudir”.

“Fernando nació para ser deportista, él no podía ser de otra forma”, reflexiona Carlos. “Aunque no era metódico: lo de entrenar, para él no servía. Su cualidad principal era ser explosivo. La rutina y la monotonía del entrenamiento diario no iban con él. Pero tenía una fuerza, un coraje y una vitalidad, compitiendo, que eran colosales”.

El polifacético Fernando Bremón en una obra de teatro

Esa manera de ser de Fernando con el atletismo (¿o habrá que decir con el deporte?) no era algo que se tratara de ocultar. En el mundillo atlético su actitud de rechazo al entrenamiento tenía que ser muy conocida. En mayo de 1956, un texto desde Galicia en Atletismo Español sobre la carrera de 400 metros da cuenta igualmente de esa debilidad de Fernando: “Destaca en esta prueba ese magnífico atleta que es Fernando Bremón, el mejor cuatrocentista, a nuestro juicio, que ha producido España, hombre de unas facultades tan excepcionales que le permiten apenas sin entrenarse ni cuidarse, conseguir resultados inferiores a los 50”. Lástima que Bremón, polifacético, caprichoso e infantil, no ponga en el atletismo su interés, ya que de hacerlo así sería el primer menos de 48” de España”.

Vuelve la palabra de Carlos a hacernos ver con claridad cómo era su hermano Fernando cuando afrontaba los 400 metros. “Recuerdo ver en Riazor sus finales agónicos en 400 lisos; cómo su zancada se iba volviendo cada metro más lenta aunque mantenía, a duras penas, su longitud, al final ya como en una película a cámara lenta; solo era capaz de avanzar, hacia la cinta de meta, por la voluntad de terminar y el coraje de ganar la prueba, porque por entrenamiento todos sabíamos que no era. Entrenar para él no era demasiado divertido, le aburría soberanamente. Solo le entusiasmaba competir. Pero su falta de entrenamiento lo pagaba caro, como digo, especialmente en los finales de esta durísima prueba que, sin embargo, tanto le gustaba”.

Quedémonos, por lo tanto, con que le gustaba sobre todo competir y que poseía unas condiciones fantásticas. Quizás por eso fue uno de los atletas invitados para intervenir en el Campeonato de España de decatlón en las pistas de la Ciudad Universitaria de Madrid, en noviembre de 1955. No era el primer decatlón en el que participaba, pero en éste finalizó en cuarta posición con 3.851 puntos, mientras que el triunfador, Bernardino Adarraga, también de la Federación Gallega, sumaba 5.851 puntos, batiendo así su propio récord nacional. A Bremón también lo superaron Manuel González y José María Alonso de Peralta.

En este decatlón tuvo que retirarse Ruf, al lesionarse en el salto de longitud. Y Manuel González, que se había lesionado lejos de las pistas, no participó ni en salto con pértiga ni en los 1.500 metros y lanzó la jabalina “sin apenas impulso ya que la lesión de tobillo le impedía correr”, según refleja Atletismo Español. Fernando Bremón, que no consta que hubiese saltado con pértiga, consiguió estas marcas: 11.6 en 100, 5,130 en longitud, 1,550 en altura, 9,940 en peso, 52.0 en 400, 19.5 en 110 vallas, 27,670 en disco, 37,460 en jabalina y 4:41.4 en 1.500, el mejor tiempo de todos.

Comentario en “Fernando Bremón (I)

  1. CARLOS BREA.

    lo conocí a través de mi padre, su final fue terrible escondido entre bar y bar. Con un cáncer de boca galopante. La última vez que lo vi ( fui a tiro fijo porque sabía que se escondía en ese sitio) fue en la calle Herrerias en bar regentado pr un brasileño que lo quería mucho, escondido al fondo con clarete de compañía estaba posiblemente el mejor atleta que parió esta ciudad.

     
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