Fecha: 21 de febrero de 2019 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Hechos

Vencedores en la plaza más hermosa

La del Obradoiro, en Santiago de Compostela, es una plaza de gran belleza, acaso única. Al contemplarla, Gabriel García Márquez sentenció: “Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que no hay en el mundo una plaza más bella que la de Siena. La única que me ha hecho dudar es la de Santiago de Compostela, por su equilibrio y aire juvenil, que no permite pensar en su edad venerable, sino que parece construida el día anterior por alguien que hubiera perdido el sentido del tiempo”.

Delfín Moreira en 1980, cuando ganó por primera vez

La Carrera Pedestre Popular de Santiago la tuvo desde el primer momento, desde el 22 de octubre de 1978, como meta excepcional (incluso sirvió de salida en los inicios) y en ella han mitigado su esfuerzo, con comprensible satisfacción, los entusiastas atletas como en ningún otro sitio. Y el que entró en ella sabiéndose vencedor ha gozado de un modo especial de ese mágico instante reservado únicamente a los bendecidos por los dioses. Y los hubo que ganaron en el Obradoiro en más de una ocasión. Todavía más dicha. Inalcanzable para tantos y tantos.

Los que tuvieron la enorme suerte de ganar en Compostela esta carrera le otorgaron al mismo tiempo un enorme prestigio porque muchos de ellos son poseedores de un deslumbrante palmarés. Se trata, por tanto, de una reciprocidad comprensible. A escenario inigualable, una inmensa calidad atlética. Todos son atletas merecedores de idéntico respeto pero convendría especificar que desde Portugal, un paraíso en corredores de fondo, llegaron hasta aquí los mejores de los mejores, sobre todo mujeres.

Quien primero se alzó con dos triunfos -en este caso consecutivos- fue el portugués Delfín Moreira (1955), un hombre que fue olímpico en Los Ángeles 1984 en maratón (se retiró), distancia en la que poseyó una marca de 2h12:36 en 1986. Cuando venció en 1980 a su compatriota Manuel Paiva dijo: “Aunque tenía una ligera esperanza nunca pensé ganar. Estaban aquí algunos compañeros míos que, en principio, eran mejores que yo, tenían más nombre”. Pero fue él el que se impuso en el Obradoiro, explicándolo así: “Tomé el mando a partir de los dos últimos kilómetros. Yo cuando ataco es para vencer y decidí hacerlo así”.

Volvió Delfín Moreira a ser el mejor en 1981, en un podio acompañado de los también portugueses Guillermo Alves y Luis Costa. Confesó Delfín que el triunfo le había resultado más complicado que el obtenido el año anterior. “Hice una mala salida y hacía bastante tiempo que no corría; no sabía cómo estaba por lo que al principio me reservé algo”.

Javier Fernández Feijoo seguido de Alfonso Álvarez Valera en 1983

Si alguien se estaba mereciendo la victoria en la década de los 80 era el tenaz santiagués Javier Fernández Feijoo (1959), algo que consiguió en 1983 y 1984 tras haberse acercado al éxito desde el primer día en que comenzó a disputarse esta competición. Se había clasificado segundo dos veces (1978 y 1982) y otras tantas tercero (1979 y 1980). No resulta por tanto extraño que la ciudadanía anhelara su victoria. Y él se la dio en 1983 para satisfacción general. “Más que yo fue el público el que más disfrutó con mi éxito”, manifestó el ganador que, en aquella oportunidad, había dejado atrás a Alfonso Álvarez Valera, Vicente Polo, Ramiro Matamoros, Estanislao Durán…

En 1984 se había puesto de nuevo en manos del entrenador Mariano García-Verdugo y se encontraba en un estado de forma fantástico. Pudo comprobarse en el transcurso de la prueba, con un dominio de la situación sorprendente. “Confiaba en mis fuerzas”, señalaría Feijoo tras su segundo triunfo consecutivo. “El último tramo de la carrera he ido aplaudiendo a la gente porque animó mucho”. A su lado, recibiendo honores, estuvieron el internacional de Moaña Estanislao Durán y el portugués Paulo Ronato.

Hizo su aparición entonces el joven portugués Carlos Monteiro (1965) para convertirse, en aquellos años 80, en el atleta más laureado al lograr la victoria tres veces: 1986, 1988 y 1989. Perteneció a diferentes clubes en su país (FC Porto, Sporting CP, Benfica…) y también formó parte de la etapa gloriosa del New Balance vigués. Corriendo 5.000 metros (con una mejor marca de 13:22.70 en 1992) participó en los Campeonatos de Europa de 1990, en los Juegos Olímpicos de 1992 y en los Mundiales de 1993.

Cuando Monteiro se impuso en Compostela en 1986 al santiagués Manuel García Gendra y al lusitano Juvenal Ribeiro, argumentó: “En Oporto esta prueba es muy célebre. Todos los años se preparan excursiones y viene mucha gente”. De hecho, él ya había concurrido en 1985 terminando en sexto lugar.

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Carlos Monteiro (2032), que sumó tres triunfos en Compostela, participando en la edición de 1986

No se olvidó, por tanto, de acudir a la ciudad situada en el corazón de Galicia en 1987, pero ese año solo pudo ser segundo superado por un crecido Manuel García Gendra. Por eso, cuando Monteiro retomó la senda del triunfo en 1988, en una carrera pasada por agua, lejos de alegrarse de que no hubiera tomado la salida Gendra mostró elegancia y juego limpio: “Me gustaría mucho batirme otra vez con Gendra. Es un atleta que admiro, de buen nivel”. En todo caso, la de 1988 resultó una carrera de pleno dominio de la gente de Portugal al situarse ocho de los atletas de ese país entre las diez primeras posiciones, con el gran Carlos de la Torre, el poderoso fondista de Marín, como una cuña en un magnífico cuarto lugar.

Con respecto a la edición de 1989, en El Correo Gallego se escribe: “Los atletas del vecino país no tuvieron piedad. Desde el inicio impusieron su ley. Carlos Monteiro, destacando con su vestimenta roja, se erigió en el gallito del grupo desde el inicio y nunca abandonó la cabeza”. Acabó siendo el tercer triunfo de Monteiro, escoltado por su compatriota Carlos Pereira y el salmantino Honorato Hernández, maratoniano olímpico en los Juegos de Seúl.

El vigués Alejandro Gómez (1967), uno de los más grandes fondistas con que ha contado España, con tres participaciones olímpicas (Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996) se hizo con la victoria en 1992 con una autoridad propia de los auténticos genios. Alejandro había prolongado la temporada para poder llegar a esta prueba de finales de octubre en condiciones óptimas y lo consiguió. “Siempre corrí tranquilo”, manifestó tras haber superado en la meta a Carlos de la Torre, Manuel García Gendra, Carlos Monteiro, Antonio Peña… Pero, ojo, no por ello dejó de correr. “No puedo decir que he ganado la carrera sin despeinarme. Sufrí mucho. No sólo me llegaba ganar, sino que también quería hacer el récord”. Y el récord fue suyo.

Alejandro Gómez venciendo en el Obradoiro el año 1994

También corrió con intensidad en 1994, cuando volvió a ganar, porque en esta ocasión los kenianos Clement Kipkotich y Daniel Kipkosgei le apretaron desde el principio. “Me distanciaron unos 60 metros y después me costó mucho cogerlos”, comentaría Alejandro. Pero en el tramo decisivo de la lucha, cuando el desenlace quedó en manos del vigués y de Kipkotich, el gallego fue mejor. El conocido Carlos Monteiro obtuvo la tercera posición.

En esta edición de 1994 el encargado de dar el pistoletazo de salida fue Luis Miguel Landa, responsable nacional de las carreras de fondo, quien tuvo palabras elogiosas hacia la Carrera Pedestre Popular de Santiago. “Yo he estado en casi todas las carreras buenas del país y si digo que está entre las cinco mejores no exagero”, dijo Landa.

Hasta Compostela se acercó el portugués Antonio Pinto (1966) el año 1993, venciendo de forma apabullante, sin que rival alguno se le pusiera al lado para interferir en las fotografías. Fue el suyo un triunfo inapelable, majestuoso. Se trata de un hombre rebosante de calidad, con un historial que merece ser recordado: acudió a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000 (undécimo en maratón); participó en los Mundiales de Gotemburgo 1995 y de Sevilla 1999 (quinto en 10.000); y, por añadir algo más de su fructífero currículo, se impone citar sus tres victorias en el Maratón de Londres (1992, 1997 y 2000) y una en el de Berlín (1994). Tuvo el récord de Europa de 10.000 metros, 27:12.47, en 1999.

Antonio Pinto no encontró rivales en 1993

Al superar en Compostela al keniano James Kariuki por un margen de 40 segundos, puso de relieve que le estaba condicionando una lesión que había padecido. “En las primeras competiciones que hice sufrí bastante. Lo que debo conseguir ahora es cierta confianza. Es lo que me falta”. Y esta circunstancia es lo que le había hecho perder recientemente una carrera en París y que, por lo visto, dio recuperado en Compostela. Dejó pronto a todos los rivales e hizo un trabajo en solitario. “Estoy entrenando bastante bien y tenía que hacer un test de esta manera para ganar la confianza que poseía hace un año”.

Otro de los destacados fondistas españoles que entró primero en el Obradoiro en dos ocasiones, 1996 y 2000, fue el vigués José Carlos Adán (1967), quien alcanzó la cima de su fantástica trayectoria cuando fue olímpico en los Juegos de Barcelona. En 1996 fue mejor que el portugués Juvenal Ribeiro, el tanzano Christopher Isegwe, los gallegos Serafín Portela y José Ramón Rey… “He corrido lo mejor que he podido y he ganado”, manifestó. “Se ha hecho realidad una ilusión que tenía”.

Desbordaba felicidad en 2000 con su segunda victoria y, al compararla con la obtenida cuatro años antes, señaló que le parecía que este último año había habido “más nivel que hace cuatro. Pero me he encontrado muchísimo mejor”. No pudieron con él el tanzano Simon Awe, el keniano Wilson Timbilil, los también gallegos Alberto Álvarez y José Ramallo…

En 40 años (1978-2018) de Carrera Pedestre Popular de Santiago se han acumulado 14 victorias de los atletas africanos (8 en categoría femenina), siendo el keniano Peter Kamais (1976) el único que la consiguió dos veces, en 2005 y 2006. Peter Kamais, ganador del Medio Maratón de Nueva York, llegó a poseer una de las mejores marcas mundiales de 10 kilómetros en ruta con un tiempo de 27 minutos 09 segundos en 2009.

Cuando Peter Kamais obtuvo los dos triunfos en Compostela, el dominio de los atletas kenianos resultó abrumador. Así, en 2005, le siguieron los pasos Hellary Kipchumba, Philip Kipkoech y David Tuwei (el primer español fue Pedro Nimo, sexto). Y en 2006 todavía se acentuó más el poderío de Kenia al situarse, tras Kamais, Benjamin Kipchumba, Julius Chepkiyey, Frederick Yegon y Abraham Chelanga (el arzuano Manuel Ángel Penas quedó sexto).

La gran Rosa Mota recibe su premio como tercera clasificada en 1980

El de 2011 fue el año en el que el pedestrismo popular se vio sacudido por una norma federativa de ámbito nacional que obligó a un nuevo planteamiento. La Federación Española de Atletismo (RFEA) determinó que las carreas populares que figuraban en su calendario oficial tendrían que hacer frente a una licencia obligatoria de un día (incluía un seguro) para todos los corredores; su coste era de 3 euros y de 5 en el caso de los maratones.  Esta licencia, lo aclaraba la RFEA el 3 noviembre de ese año 2011, era “totalmente voluntaria” pero, de aceptarla, los organizadores disfrutarían de ventajas: su prueba formaría parte del calendario de la Asociación Mundial de Maratones y Carreras en Ruta, podría contar con atletas de elite nacionales y extranjeros, y tendría una mayor difusión a nivel nacional e internacional.

Hubo rechazo. Resulta significativo cómo da cuenta del hecho la web Running León: “La crisis es la crisis y los de la Real Federación Española de Atletismo han decidido que no puede ser que media España esté corriendo y que ellos no pillen un duro”. La revolucionaria medida trajo consigo que muchas carreras decidieran no adherirse a esta propuesta para no tener que desprenderse de parte de sus beneficios. Así lo hizo también la Carrera Pedestre Popular de Santiago, aunque es indudable que a costa de haberse resentido el nivel de quienes optan al triunfo.

El internacional Manuel Ángel Penas (1977), conocido por Lolo Penas, sumó tres títulos nacionales en 2012 (10 km en ruta, 5.000 y 10.000 metros) y obtuvo además su primer triunfo en la carrera compostelana, triunfo que repetiría en 2013, 2014 y 2015. Aquel año 2012 el peso de la prueba lo llevó Alejandro Fernández hasta que, en el ultimísimo tramo, surgió el irresistible final de Penas; la tercera posición se la adjudicó Bruno Miguel Ramos.

“Soy de Arzúa, está claro que ganar en el Obradoiro es un sueño; correr aquí es un plus de emotividad”, reconoció el ganador.

Volvería Penas a ser mejor que Alejandro Fernández en 2013, siendo la tercera posición para Pedro Nimo. “Este año ataqué antes porque me encontraba mejor. Quise disfrutar de la entrada en el Obradoiro porque el año pasado no pude”, dijo el triunfador, indicando que en 2012 le pisaba los talones Alejandro Fernández “y no podía levantar el pie”.

Nada se opuso a una nueva victoria de Penas en 2014, aunque el portugués Licinio Pimentel lo acosó hasta la misma línea de meta; tercero fue otro portugués, José Moreira. Y Penas, claro, reconocía su sufrimiento: “Me costó mucho ganar. La verdad es que no tuve un buen día. Tuve que tirar de oficio y aguantar”.

En 2015, quedando por delante de Alejandro Fernández y del marroquí afincado en Ourense Hassan Lekhili, Manuel Ángel Penas mostraba su alegría por su cuarto triunfo y recordaba su presencia en la prueba desde que era pequeño y cuando se clasificaba detrás de los africanos “pero lejos de la victoria”. “Ahora”, argumentó, “las carreras son más disputadas y creo que más bonitas para los atletas, que nos conocemos, y para el público”.

Albertina Días en una de sus intervenciones en la carrera compostelana

Un portugués más, en este caso Nuno Filipe Pinto da Costa, Nuno Costa (1986), ganó en 2016 y 2017. En el primero de sus dos años triunfales superó a los gallegos Alejandro Fernández y David Santos y, tras su gesta, comentó: “Preparé la carrera con bastante cariño. Da gusto hacerlo. Siempre me gustó. Desde que era pequeñito veníamos con mi club desde Portugal”.

Y en 2017 tampoco se le resistió ningún rival, a pesar de la oposición de David Santos, segundo, y el portugués Paulo Barbosa, tercero. Nuno Costa dijo: “Controlé la carrera y ataqué donde hay que atacar, en la cuesta de Vite; ahí di un tirón más y gané con margen”. Aprovechó la ocasión para hacer un guiño a los que le aclamaban: “Soy portugués pero hace cuatro años que vivo en Sigüeiro, muy cerca de Santiago, que ya es mi segunda ciudad”.

Entre las mujeres que más brillaron en el Obradoiro hay que situar a la portuguesa Rosa Mota (1958) en un más que merecido primerísimo lugar. ¡Qué enorme atleta! Dejó huella en el maratón: tres veces campeona europea (1982, 1986 y 1990), campeona mundial en Roma 1987, medalla de oro olímpica en Seúl 1988 y bronce en los Juegos de Los Ángeles 1984. En Compostela se coronó como la mejor tres años: 1981, 1982 y 1987.

Tras aparecer por vez primera, sin premio, en la edición de 1980, lo consiguió en 1981 al ser mejor que la céltica Estela Estévez y su compatriota Conceiçao Ferreira. Y dijo entonces: “Me gusta mucho tomar parte en esta carrera”. Algo que demostraría años más tarde cuando, siendo ya una atleta muy reconocida, quiso competir de nuevo en la prueba en la que tan a gusto se encontraba. Sucedió en 1987, en la que sería su última actuación en Compostela.

Salió victoriosa de nuevo en 1982, diciendo que aprovechaba este tipo de carreras para entrenarse de cara al maratón, y en 1987 repitió éxito al quedar por delante de sus paisanas Albertina Días, segunda, y Ana Paula Oliveira, tercera. “Esta prueba”, manifestó, “siempre ha resultado dura pero con el cariño que pone el público todo pasa, todo se lleva mejor”.

Otro nombre destacado entre las portuguesas es Conceiçao Ferreira (1962), igualmente con una sobresaliente trayectoria: primera en el Campeonato del Mundo de Medio Maratón en 1993, medalla de plata de 10.000 metros en los Campeonatos de Europa de 1994, además de haber estado presente en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996.

En el Obradoiro ganó dos veces: en 1983 se adelantó a sus compatriotas Rosa Oliveira y Leonor Costa, y, traspasada la meta, desbordó sinceridad: “Al no venir Rosa Mota tenía ciertas esperanzas de ganar; de venir ella era prácticamente imposible”. Y en 1991 quienes la acompañaron en el podio fueron Manuela Machado y Soledad Castro.

Albertina Días (1965), también de Portugal, se llevó de Compostela tres rotundos triunfos en la década de los 80. No es extraño que así fuera porque se trata de una mujer de mucha calidad que ayudó a mantener el prestigio de las fondistas de su país. Fue la primera portuguesa campeona del mundo de cross (1993) y participó en tres Juegos Olímpicos: en Seúl 1988 y en Barcelona 1992 corrió 10.000 metros y en Atlanta 1996 lo hizo en maratón.

Manuela Machado en 1998, logrando su segunda victoria

Su primera victoria en Compostela se produjo en 1985 al imponerse a Conceiçao Ferreira y Esther Pedrosa. “Salí muy rápida para evitar sorpresas y al ver que nadie me seguía hice una carrera sin sobresaltos”, manifestó en 1986 al ganar nuevamente por delante de sus compatriotas Carla Machado y Leonor Costa. Y en 1989, cuando cerró su círculo triunfal, tuvo como mejores rivales a su paisana Fátima Neves y a la santiaguesa Esther Pedrosa.

No conviene que se acaben los adjetivos elogiosos porque, ahora, hay que citar a otra portuguesa ilustre: Manuela Machado (1963), doble vencedora en el Obradoiro (1993 y 1998). El maratón ha sido su fuerte. Quedó campeona del mundo en 1995 e igualmente europea en 1994 y 1998; participó en tres Juegos Olímpicos, Barcelona, Atlanta y Sídney, consiguiendo en los dos primeros la séptima posición; y fue primera en el maratón de Lisboa 1993 y segunda en maratones tan relevantes como Londres y Nueva York en 1995, y Tokio 1996.

Cuando venció en 1993 a la infatigable viguesa Soledad Castro y a la madrileña Carmen Fuentes, comentó: “Me gusta mucho correr aquí. No estuve el año pasado porque estaba cansada”. Pero volvió en 1998 a la que llamó “gran fiesta del atletismo” para superar a Hana Hussein, de Tanzania, y a Fernanda Miranda, de Portugal.

Curioso el caso de la gallega Fátima Paz (1961). Ella fue la primera mujer que entró en la historia de la Carrera Pedestre Popular de Santiago al ganar en 1978 cuando era muy jovencita y tal galardón lo renovó en la edición de 2000, al aventajar a su amiga Esther Pedrosa y a Agueda Blanco, de Cangas. “Como la gente me animaba tanto, todo fue muy fácil. Prácticamente te llevan”, dijo Fátima tras su segundo triunfo.

Por la izquierda, Ester Navarrete, Joselyn Brea y Alice Finot en 2018 (Fotos: El Correo Gallego)

Leonor Carneiro (1978), destacada portuguesa de juvenil y júnior, que supo también asaltar el podio absoluto varias veces en 1.500 y 5.000 en su país, contabiliza las victorias de 2005 y 2006 en el Obradoiro, aventajando, en ambos casos, a sus compatriotas Helena Sampaio y Claudia Pereira.

Con dos triunfos se encuentra Gladys Cherono (1983), keniana con peso atlético considerable: campeona mundial de medio maratón en 2014, una distancia en la que se mueve con soltura y a la que le ha sacado un enorme rendimiento al haber ganado en Praga, China, Estambul o Roma; también ganó el Maratón de Berlín en 2015 y 2017 y quedó subcampeona del mundo de 10.000 metros en 2013.

Se impuso a la también keniana Leah Jerotich en 2008, mientras que en 2009, en una carrera dominada por las atletas extranjeras, fue mejor que Sara Moreira (Portugal), Joyce Chepkirui (Kenia), Leonor Carneiro (Portugal), Berkinesh Shiferaw (Kenia)…

Quien, en los últimos años, se ha erigido en acaparadora sin límite de la prueba es Joselyn Danieli Brea Abreu (1994), triatleta venezolana pero con buen rendimiento en el atletismo, de tal manera que ha sido capaz de ser primera cuatro años consecutivos: desde 2015 a 2018.

En 2015, venciendo a Solange Pereira, comentó eufórica: “La entrada en el Obradoiro la recordaré para siempre”.  Después de ese año ganaría a la viguesa Ester Navarrete en 2016, a la lucense Marta Casanova en 2017 y nuevamente a Ester Navarrete en 2018. Y esta última vez, Joselyn manifestó que esta carrera le había hecho “mucha ilusión” desde el primer año que la había corrido.

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