Fecha: 30 de marzo de 2017 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Hechos

Rosa Mota: un lujo en las calles de Compostela

Los atletas portugueses aparecieron por vez primera en la Carrera Pedestre Popular de Santiago en 1980, en la que era la tercera edición. La prueba la había puesto en la historia el periódico El Correo Gallego en 1978 para conmemorar el centenario de su fundación y, desde el primer momento, la aceptación y repercusión que tuvo fue extraordinaria.  De todos modos, es posible que los ecos de tanta euforia colectiva no se hubieran escuchado en Portugal, tierra enamorada de la carrera a pie y cuna de fondistas ilustres, o, si se llegaron a escuchar, no se tuvo conciencia de tal cosa en el corazón de Galicia. Todo cambió, sin embargo, desde 1980 con la presencia de poco más de un centenar de ilusionados lusitanos que le otorgaron de  pronto el rango de internacional. ¿Qué había sucedido para que se produjera esta circunstancia?  Tiene su explicación.

La portuguesa Rosa Mota con su trofeo de ganadora de la Carrera Pedestre Popular de Santiago en 1987

El mes de noviembre de 1979 unos cuantos atletas santiagueses hicieron lo que venían haciendo desde hacía unos años: acudir a la ciudad costera de Nazaré en Portugal para intervenir en el medio maratón que allí se organizaba.  “Íbamos con la idea de dar a conocer a los responsables de dicha carrera de que en Santiago de Compostela también una gran prueba popular comenzaba a dar sus primeros pasos”, explicaba en el rotativo santiagués, en octubre del año 80, Alejandro López  Barral, Alex, quien además estaba integrado en la organización de la carrera compostelana. Entraron en contacto con el director general del movimiento Spiridon, “una organización internacional a la cual yo estoy adherido y cuyo fin principal es el de promover el desarrollo de la carrera a pie…”, decía Alex.  Y al citado director general y a Mario Machado, responsable de ese movimiento para Portugal, les hicieron entrega del suplemento que El Correo Gallego había editado con motivo de su prueba. “Al ver todo aquello”, relataba Alex, “quedaron entusiasmados y en ese momento se comentó la posibilidad de que una excursión de atletas portugueses viniera a Santiago”.

No cabe duda de que Spiridon, al menos en los inicios, constituyó una magnífica plataforma de difusión de la Carrera Pedestre Popular de Santiago en el país vecino y así, por ejemplo, en la prueba denominada  Entre Serra e Mar, que se disputaba el 18 de mayo por Estoril, Cascais y Sintra, los vencedores de cada una de las categorías tenían como premio un viaje a Santiago de Compostela para participar en la carrera de El Correo Gallego, tal como se reflejaba en el mismo cartel del acontecimiento.

Entre los 120 portugueses que intervinieron el 19 de octubre de 1980 en la Popular de Santiago (4.353 inscritos aquel año) se encontraba una joven que nadie citaba como futura estrella o capaz de grandes logros llamada Rosa Mota (nacida el 29 de junio de 1958 en Oporto); en realidad, la sensación que se tiene es que pasó algo desapercibida. Fue la tercera en la meta entre las mujeres (la superaron Mercedes Buceta, ganadora, y Estela Estévez) y en la general ocupó el puesto 155. Pero los portugueses se hicieron notar. El vencedor de la carrera fue el atleta del país vecino Delfín Moreira. Y Mario Machado, el hombre de Spiridon que había venido al frente de sus compatriotas, se mostraba contento y decía a quien quisiera escucharlo que en Portugal no existía una carrera como la que acababa de presenciar.

La situación cambió totalmente con respecto a Rosa Mota en 1981. El 25 de octubre entró como primera mujer en la meta situada como siempre en el Obradoiro, delante de la céltica Estela Estévez. Los atletas inscritos habían sido 6.181 (entre todos, el mejor volvió a ser Delfín Moreira) y Rosa, contabilizando hombres y mujeres, ocupó un lugar muy aceptable: el 82; Estela Estévez, por su parte, se situó en el puesto 219 de la general. Rosa Mota, que no ocultaba su satisfacción, comentó a los informadores que se había empezado a preparar a principios de ese mes de octubre, que le gustaba mucho participar en la prueba,  pero no por ello dejó de ser crítica: “Este año la organización del viaje de Portugal a Santiago fue bastante pésima. Espero que para el año se organice mejor; por ejemplo, nuestra comida de ayer fue mala”.

La campeona portuguesa triunfando el 25 de octubre de 1987 en la prueba compostelana

Salto espectacular el de Rosa Mota en 1982. El mes de septiembre de ese año conseguía en Atenas, en los Campeonatos de Europa, el primer título de maratón femenino de esta competición continental.  Tres días antes de este asombroso éxito había corrido los 3.000 metros en 9:04.82 quedando duodécima. Pero en el maratón empezó a forjar allí, en suelo ateniense, la que habría de ser una carrera prácticamente inigualable disputando los 42 kilómetros y 195 metros.  Esta vez se colgó el oro al correrlos en 2h36:04, siendo segunda la italiana Laura Fogli, 2h36:28, y tercera la danesa Ingrid Kristiansen, 2h36:38.

La campeona europea de maratón estuvo presente, por tercera vez consecutiva, en la Carrera Pedestre Popular de Santiago el 24 de octubre de 1982. Y nadie la inquietó, en una prueba de claro dominio portugués. Las cinco primeras mujeres fueron lusitanas, aunque la ventaja que les sacó Rosa Mota fue notable. Y es que Rosa quedó en el puesto 65 de la general, mientras que María Caelo, segunda, fue la 181; María C. Ferreira, tercera, llegó en el lugar 242; María Leonor Albes, cuarta, alcanzó la meta en el 276; y Manuela Acevedo, quinta, lo hizo en el 310. Aquel año 1982 los inscritos habían sido 6.599 y el triunfador fue el portugués David Tabares.

Con más razón si cabe, todos los ojos se posaron ese año 82 en Rosa Mota y ella, rememorando el l título europeo que había ganado, manifestaría que “no esperaba alcanzarlo pues estaban en liza las mejores atletas del continente”. Y en cuanto a su nueva victoria en la prueba compostelana puso de relieve que ningún triunfo era fácil, pero dijo más: “Yo aprovecho estas carreras para entrenarme de cara al maratón”.  Y su sinceridad fue elocuente: “No tuve competencia en lo que a mujeres se refiere pero yo compito con los hombres para tratar de superarme”. Sobre el ambiente estuvo rotunda: “Esto es una maravilla”, y cuando se le hizo ver que todo era mejor venciendo los portugueses manifestó: “Los portugueses o los españoles. Aquí no entran en juego las nacionalidades. Sólo interesa competir y convivir todos los atletas juntos”.

Entonces, acabó mostrando su fidelidad a la prueba gallega con estas palabras: “Me gusta venir a participar aquí pues corro casi en familia”. Pero lo cierto es que se alejó de esta competición durante unos años (retornaría en 1987) mientras, eso sí, crecía atléticamente de forma vertiginosa para situarse de manera estable en la cumbre.

Entró victoriosa en los maratones de Roterdam (1983) y de Chicago (1983 y 1984), fue la cuarta en la primera edición de los Campeonatos del Mundo celebrados en Helsinki 1983 con un tiempo de 2h31:50 (el oro se lo adjudicó la noruega Greta Waitz, 2h28:09) y consiguió, en 1984, la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles al terminar ese maratón en 2h26:57, batida por la norteamericana Joan Benoit, 2h24:52, y Greta Waitz, 2h26:18.

Agasajada en el Obradoiro al ser la vencedora de la Popular de Santiago en 1982

Y transitó por 1986 con actuaciones resonantes al imponerse en el maratón de Tokio y hacerse nuevamente con la medalla de oro en los Campeonatos de Europa disputados en Stuttgart al terminar la prueba en 2h28:38, mientras que  Laura Fogli lo hacía en 2h32:52. Pero mejor será rescatar de este torneo unas líneas en Atletismo Español: “Los 42.195 metros fueron un auténtico recital de Rosa Mota, que se decidió a tirar desde el principio y dio el golpe definitivo en el kilómetro trece, cuando a su lado iban únicamente Laura Fogli y Carla Beurskens. Desde ese momento, lo de la portuguesa fue un paseo triunfal, con ventajas que se iban haciendo progresivamente más grandes: unos pocos segundos en el kilómetro 15, casi un minuto en el 20, tres minutos justos en el kilómetro 30 y más de cuatro en la línea de meta”.

Por supuesto, no dejó escapar el oro mundialista el 29 de agosto en Roma 1987, donde el lamento era que no se hubiera podido medir,  igual que había sucedido en Stuttgart, con Ingrid Kristiansen, “porque de esa forma”, quedó reflejado en Atletismo Español, “hubiéramos contemplado el duelo más apasionante que en la actualidad se puede establecer en las carreras de gran fondo femenino”.  En Roma, Rosa carecía de rivales. Solo la australiana Lisa Martin parecía poder hacerle frente pero fue incapaz de seguir el ritmo de la portuguesa. Y Rosa luchó en solitario. Venció en 2h25:17, acompañándola en el podio la soviética Zoja Ivanova (2h32:38) y la francesa Jocelyne Villeton (2h32:53).

También, en 1987, conseguiría ser la ganadora del maratón de Boston, ciudad en la que realizó la mejor marca de su vida en esta distancia en 1985: 2 horas 23 minutos 29 segundos. De este año 1985 son igualmente sus mejores tiempos en 5.000 (15:22.97) y 10.000 metros (32:33.51).

No puede ocultarse que en El Correo Gallego se le tuviese un cierto cariño a Rosa Mota.  Por eso cuando el primero de octubre de 1987 los teletipos hicieron llegar a las redacciones su intención de volver a correr en Santiago la noticia produjo enorme satisfacción. Rosa Mota, que  se encontraba en Madrid y ya su pensamiento se centraba únicamente en los Juegos de Seúl 1988, habló de los buenos recuerdos que tenía de la prueba compostelana en la que había participado tres veces. “Fue en esta ciudad”, dijo, “donde debuté en carretera. Me gusta porque constituye una buena ocasión para practicar la convivencia y la amistad”.

Su inicial intención de volver a competir en Santiago se hizo realidad el domingo 25 de octubre. Pero el día anterior estuvo en dependencias de El Correo Gallego, donde se le mencionaron sus palabras del primero de ese mes en las que elogiaba la prueba. Y se le insistió sobre ellas: “¿Tanto le agrada la carrera?” “Sí, me gusta mucho”, comentó Rosa. “No he podido venir los otros años porque he competido en maratones, en Chicago y en Tokio. Pero este año, después de los Mundiales, pensé con mi entrenador de venir a Santiago para convivir y estar con los amigos. Es una prueba que me gusta mucho correr”.

Rosa Mota recoge su dorsal en El Correo Gallego el 24 de octubre de 1987 para participar en la Carrera Pedestre Popular de Santiago (Fotos: El Correo Gallego)

Rosa Mota, que vino acompañada de su entrenador Pedro Pedrosa, recordó su triunfo en los Mundiales de Roma, su decidida salida y la recomendación de su  técnico de que aflojara el ritmo debido al calor, pero que no le había hecho mucho caso. “Yo estaba fuerte y a gusto de correr con un tiempo cálido”. Y también explicó que, cuando llegó corriendo a la plaza de San Pedro, lo de mirar insistentemente hacia la ventana donde se asoma el Papa había sido “una cosa instintiva”; no pensaba en poder verlo.

La campeona portuguesa fue la primera mujer de la Pedestre Popular de Santiago en 1987 y ocupó el puesto 32 entre todos los participantes; segunda quedó su compatriota Albertina Dias, en el lugar 57 de la general; y la primera española, Esther Pedrosa, cuarta clasificada, entró en el puesto 131. “Esta prueba siempre ha resultado dura”, manifestó Rosa Mota, “pero con el cariño que pone el público todo pasa, todo se lleva mejor”.  Ese año los inscritos habían sido 5.123 y la victoria absoluta recayó en el santiagués Manuel García Gendra.

Le faltaba una maravillosa medalla de oro: la olímpica. Y la logró en los Juegos de Seúl 1988. A Rosa, ese día crucial, le costó despegar a sus rivales, pero llegó un momento en que se quedó sola con la alemana oriental Doerre, la australiana Martin y la soviética Polovinskaia.  Pese a todo, pudo darle otro ritmo a su ritmo en el kilómetro 38 y se marchó en solitario hacia la meta. Rosa ganó el maratón con 2 horas 25 minutos 40 segundos. La australiana Lisa Martin, plata, terminó en 2h25:53. Y la alemana oriental, Kathrin Doerre, bronce, concluyó en 2h26:21.

Rosa Mota, la portuguesa que disfrutó corriendo en Compostela, siguió anclada en la victoria. Porque volvió a ganar el maratón de Boston (1988 y 1990), también el de Osaka en el 90, el mismo año en que conquistó su tercer oro europeo en los 42.195 metros; y debe añadirse que en su denso y exitoso palmarés figuran seis triunfos consecutivos (desde 1981 a 1986) en la San Silvestre de Sao Paulo.

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