Fecha: 25 de mayo de 2017 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

José Carlos Adán

El niño que marcaba goles

José Carlos Adán tras su actuación olímpica en Barcelona

Su mérito, el que más le distingue, es el de poder pertenecer a ese ilusionante gremio de los olímpicos. José Carlos Adán (Vigo, 1967) intervino en los Juegos de Barcelona 1992 en la prueba de 10.000 metros, en la que también estuvieron otros dos gallegos: Alejandro Gómez y Carlos de la Torre. No estuvo afortunado. No alcanzó la final a pesar de que corrió la segunda serie y sabía con exactitud de concienzudo relojero lo que tenía que dar de sí para estar en ella. “No pude hacer más”, llegó a decir. Pero no es menos cierto que su entusiasmo no decayó por ello porque, como señaló, había dado todo lo que podía en Montjuic.

Antes de que comenzara el espectáculo en la Ciudad Condal (del 25 de julio al 9 de agosto), José Carlos se mostraba con la quinta mejor marca del año en 10.000 entre españoles. Los había corrido en 28:14.60, contando con mejor registro que él Carlos de la Torre (27:59.77), Pere Arco (28:08.89), Martín Fiz (28:12.07) y Antonio Prieto (28:14.25). Y se presentó en Barcelona tres días antes de ponerse a competir, un tiempo que, posteriormente, se consideró  escaso para poder  aclimatarse a aquel calor húmedo.  Compartía habitación con Alejandro Gómez y Carlos de la Torre en la Villa Olímpica, pero allí no pudo dormir lo necesario. “A la fuerza despertábamos temprano porque a las seis de la mañana pasaba el camión regando toda la Villa”, recuerda.

El ansiado momento le llegó el 31 de julio, siendo precisamente la carrera de 10.000 la última del día. No pudo ver la actuación de Alejandro y Carlos porque corrieron cuando él realizaba el calentamiento. Pero saltó a la arena y se fijó en los tiempos del marcador electrónico y echó sus cuentas convenciéndose de que la empresa no era insalvable.  Los atletas que se clasificaban para disputar la final eran los siete primeros de cada serie así como los seis mejores tiempos. En la primera, el séptimo atleta había sido Salvatore Antibo (28:18.48) y el decimotercero Steve Plasencia (28:45.49). “Con esos cálculos en su poder”, quedó escrito en Atletismo Español, “se podía permitir el lujo de pensar en una estrategia”. Aunque también se añade: “… a la postre esa ventaja de poco sirvió”.

El fondista vigués, quinto de derecha a izquierda, en la segunda serie de 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992

No esconde que se mostraba con cierto nerviosismo antes de darse la salida, pero tan pronto se produjo ya se le vio entre los que ocupaban las primeras posiciones. “A mí me gusta correr delante”, argumenta, aunque en esos instantes no marcó el ritmo, algo que haría después, mediada la prueba, al comprobar que aquel  discurrir tan lento no le iba a permitir ser finalista. “Me puse a tirar para acelerar la carrera. Estuve tirando tres kilómetros. Creo que hice bien porque me encontraba muy en forma”. Su empeño, sin embargo, se quedó en nada, se fue diluyendo paulatinamente. “Faltaban siete vueltas, comencé a notar un bajón y me empezaron a pasar”. José Carlos atravesó la meta en undécima posición con un tiempo de 28 minutos 50 segundos 38 centésimas, carrera ganada por el etíope Fita Bayisa (28:23.55) y en la que se clasificaron 28 atletas. José Carlos acabó allí su experiencia olímpica, algo en lo que nunca solía pensar como meta a perseguir una vez encauzado en el atletismo en 1983.

Sobre la pista, el vigués llegó a ser campeón de España de la categoría promesa en 10.000 en 1987 (y medalla de bronce en 5.000), pero en ninguna de estas pruebas logró el título en el torneo absoluto. En Valencia, en 1992, se hizo con la presea de bronce al correr los 10.000 en 28:14.60, quedando delante de él Antonio Prieto, 28:14.25, y Carlos de la Torre, 28:14.30. “La carrera tuvo emoción desde el primer metro”, según Atletismo Español. Y es que Prieto, De la Torre, Adán, Serrano, Arco y Paúl, “luchaban por los dos puestos de acceso dentro del equipo olímpico”, siempre y cuando tuvieran la mínima. El momento decisivo se desarrolló así: “Prieto, tal vez receloso respecto a su final, pegó un tirón a falta de dos kilómetros. De la Torre, Serrano y Adán respondieron. Arco y Paúl se rezagaron. La última vuelta tuvo emoción a raudales. De la Torre, el único que contaba con mínima olímpica, pagó su inexperiencia cuando trató de batir por dentro al segoviano. El viejo zorro, naturalmente, no se lo permitió…”

En Gandía, en 1993, José Carlos se colgó la medalla de plata de 5.000 tras haber puesto mucho ardor en la lucha inicialmente, aunque aflojó el ritmo mediada la prueba. Hizo un tiempo de 13:44.65, mientras que el ganador, Abel Antón, terminó en 13:44.16.

La tercera y definitiva medalla, en este caso otra de plata en 5.000, la consiguió en los Campeonatos de España de 1994 en San Sebastián.  José Carlos fue batido por Anacleto Jiménez, que solo se puso en cabeza cuando faltaban 150 metros, aunque mostrándose con una gran velocidad. El ganador concluyó en 13:36.40, el vigués hizo 13:36.90, y la tercera posición la ocupó Ricardo Pintado con 13:37.59.

Con el dorsal 23, participando en el Cross Internacional de Elgoibar de 1993 (El Correo Gallego)

Sus mejores marcas en las distancias en las que insistió con más frecuencia (5.000 y 10.000) las obtuvo el mismo año. En 1993. Solo hubo un mes de diferencia entre ambas. Primero hizo la de 10.000 (27:59.49) el 2 de mayo y la de 5.000 (13:19.71) el 5 de junio. Dos registros que no dejan de tener su historia.

La primera de ellas la obtuvo dentro del tercer Trofeo Ibérico de 10.000 metros en Fadura, en Getxo, donde José Carlos además fue el triunfador entre los componentes de las selecciones española y portuguesa. Llamativas resultan las primeras líneas de la crónica aparecida en Atletismo Español. Dicen así: “Lo más noticiable del Trofeo Ibérico de 10.000 metros fue el estreno de Carlos Adán como vencedor de una prueba de primera línea. El gallego ha sido siempre un corredor muy regular, con grandes puestos en las mejores carreras, pero le faltaba culminar. Fiz comentaba al respecto que Carlos no era un ganador y que siempre corría a la defensiva, con lo que sería difícil que se situara entre los grandes”.

No se cumplió, sin embargo, lo que presagiaba Martín Fiz y José Carlos “ganó a lo grande ante lo mejor del fondo ibérico”.  La ocasión requiere recrearse en ese momento cumbre que no fue otro que la última vuelta al recinto. “En 57 segundos pasaron muchísimas cosas. Martín Fiz rompió las hostilidades al golpe de campana. El tirón del alavés duró 150 metros, pero no hizo mucho daño. Fue entonces cuando surgió la figura de Alejandro Gómez, el atleta del New Balance sí que iba en serio. Descolgó a Adán, Fiz, Regalo, Arco y Domingos Castro, el rival más temible. Quedaban 150 metros y parecía que Alejandro se llevaría el gato al agua, pero por detrás apareció un Carlos Adán ambicioso. Pudo cambiar a falta de 120 metros y rompió el maleficio que le impedía hasta ahora saborear las mieles del éxito”.

Tras un José Carlos sorprendente (27:59.49) quedaron Martín Fiz (28:00.97), Alejandro Gómez (28:01.15), Domingos Castro (28:01.40), Pere Arco (28:03.89) y un rosario de corredores hasta 21 clasificados. España vencía así por tercera vez consecutiva a Portugal en la lucha masculina.

No menos atractiva resultó la competición el 5 de junio en Sevilla en la que el vigués llegó a su tope máximo en 5.000: 13:19.71. Se trataba de la primera prueba europea del Grand Prix de la IAAF en la que el británico Rod Denmark ganó esta distancia con 13:16.48 y que, en aquel momento, significaba el mejor registro mundial del año. Pero es que además hubo otras marcas espectaculares. Domingos Castro, segundo, terminó en 13:17.03 y Abel Antón, tercero, concluyó en 13:17.48. José Carlos arribó en quinta posición. Y la carrera, quede constancia de ello, contó con atletas muy a tener en cuenta: Antonio Serrano, Antonio Prieto, Martín Fiz, Alberto Juzdado, Alejandro Gómez…

Desde que era un niño se sintió atraído hacia el deporte. Estudiaba EGB en el Colegio Breogán y saltaba al campo de fútbol, con diez años,  para hincharse a marcar goles. Recuerda haber sido el máximo goleador siendo alevín. Se le veían maneras. Su equipo federado era el Balaídos. Pero aquella fulgurante carrera que se le adivinaba quedó repentinamente truncada cuando pasó a ser infantil. Entonces supo de la amargura del suplente. El cambio de entrenador acabó siendo su perdición. “Con él no jugaba. Ponía a su hijo de delantero centro y a mí en el banquillo”. No desesperaba, aunque… “Yo salía en las segundas partes, metía algún golito pero ya no estaba tan ilusionado”. Después de tres años dándole con acierto al balón acabó dejándolo.

Ganando el Campeonato de España de cross de 1994 en Zarauz (El Correo Gallego)

Pasaría posteriormente por el baloncesto para jugar de base y estando en el Instituto Calvario lo que hizo fue aficionarse al tenis de mesa. El caso era no estar inactivo. Y todavía, comenta, se acabó integrando en el bádminton, compitiendo incluso en un campeonato gallego. “Pasé dos rondas”, rememora. Pero cuando le faltaba un mes para cumplir 16 años (en 1983) pasó a ser definitivamente un joven del atletismo. Intervino por segunda vez en la carrera popular de su barrio, San Juan del Monte, volviendo a ser segundo. La particularidad en esta ocasión es que presenciando la prueba estaba el entrenador Ignacio Cepero, quien le propuso que podía entrenarse con él. “Fue el que me descubrió realmente”. Y como pertenecía al Club San Miguel de Oia, en él también se integró José Carlos. “Era un entrenador muy majo”, aunque no estuvo mucho tiempo bajo su tutela, unos diez meses, debido a que, por trabajo, se tuvo que marchar para Barcelona. Y se quedó en las manos de Julio Rodríguez.  “Fue un cambio de entrenamiento un poco brusco porque con Ignacio no llegaba a sufrir, disfrutaba. Con Julio hacía cosas que nunca había hecho. Me costó tres o cuatro meses adaptarme a su sistema de entrenamiento”.  Julio fue quien lo llevó a la cúspide y de él manifiesta: “Es muy exigente. Es de la teoría de que para hacerlo bien hay que entrenarse fuerte”.

Asistió a otras competiciones del máximo relieve, como es el caso de los Campeonatos del Mundo de 1993 en Stuttgart. Pudo disputar la final tras haberse clasificado noveno (28:23.08) en la primera de las semifinales. “José Carlos Adán”, en palabras de Atletismo Español, “cometió la torpeza de correr la final con un pie lastimado en las semifinales”.  Entre 17 atletas clasificados, el vigués fue penúltimo con 30:04.34 y la victoria la obtuvo el etíope Haile Gebrselassie (27:46.02).

Las alabanzas le llegaron por doquier con motivo de los Campeonatos de Europa de 1994 en Helsinki, por su magnífico sexto puesto en 5.000 metros.  “Pocos apostaban por él”, se argumenta en Atletismo Español aduciendo que sus características, poca velocidad terminal, se adaptan mejor a los 10.000, además de que, hasta ese momento, su temporada  “no estaba siendo brillante”. “Pero nos sorprendió a todos”. Se había clasificado por puestos, lo que ya suponía un dato muy positivo a su favor, y cuando llegó la final “se comportó como un auténtico purasangre”.  “Atletas más rápidos que él, como el alemán Franke, el portugués Domingos Castro, el irlandés O´Mara o el propio Anacleto Jiménez quedaron detrás del gallego”.

José Carlos finalizó la carrera con un registro de 13:39.16, habiendo sido superiores a él el alemán Dieter Baumann (13:36.93), el británico Rob Denmark (13:37.50), su compatriota Abel Antón (13:38.04), el francés Abdellab Behar (13:38.36) y el británico John Nutall (13:38.65).

José Carlos Adán, a la izquierda, en una de las citas nacionales de cross por clubes (El Correo Gallego)

Internacional en 33 ocasiones, la mitad de ellas las sumó participando en competiciones de cross, sin que su esfuerzo se viera reflejado de manera brillante en las clasificaciones. Posee, eso sí, un cuarto lugar en la primera edición del Campeonato de Europa de 1994 en la localidad inglesa de Alnwick, habiendo comentado Alfonso Ortega que “realizó una inteligente carrera”. Y tuvo igualmente, en este torneo continental, otras dos actuaciones que le llevaron a estar entre los diez primeros: sexto en 2000 y séptimo en 2001. Sin embargo, cuando la confrontación fue de índole mundialista (concurrió once veces) su nombre ya se pierde entre la maraña de corredores y aflora, como mejor puesto, el 18º en 1995 (siendo júnior, en 1986, acabó decimonoveno). Y cuando se echó  al asfalto en el Campeonato del Mundo de Medio Maratón de 1997 y 2001 sus posiciones tampoco fueron demasiado relevantes: el 49º (1h03:15) y el 38º (1h03:33), respectivamente.

Pero en el cross, como sénior, tiene al menos la satisfacción de haber conseguido el que es su único título de campeón de España. Lo obtuvo en Zarauz el 6 de marzo de 1994, en una carrera en la que Martín Fiz pretendía noquear a todos sus rivales en su ambiente y sobre un terreno que le beneficiaba, de tal manera que a los cinco kilómetros ya parecía que estaba sentenciado todo a su favor. Pero en la penúltima vuelta al circuito, Alejandro Gómez lo dejó sin opciones y, por su empuje, pareció que iba a ser él el triunfador. “Sólo faltaban 200 metros para el final y Adán salió de su reserva”, cuenta Atletismo Español. “En una carrera disputada con calculadora y enorme sangre fría, el pequeño gallego resurgía del anonimato y se ponía en cabeza a tan sólo 30 metros de los 11.748 que tenía el recorrido. De la Torre era la última víctima del cerebral Adán que vencía en su primer nacional de cross”.

Las que fueron sus dos mejores marcas en 5.000 y 10.000 metros, las ya referidas 13:19.71 y 27:59.49, ambas de 1993, las elevó igualmente a la cota de plusmarcas gallegas. En la actualidad todavía ostenta la de 5.000, aunque ya no la de 10.000 que le fue arrebatada por Alejandro Gómez ese mismo año 93 con 27:39.38. A lo largo de su tenaz y brillante carrera conquistó cuatro títulos gallegos en pista (1.500 –dos-, 5.000 y 10.000) y otros cuatro en cross (1992, 1999, 2003 y 2004), habiendo competido en todo su periplo atlético con los colores del San Miguel de Oia, Rodper de Toledo, Real Club Celta, New Balance de Vigo y CAGU de Guadalajara.