Fecha: 25 de enero de 2018 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Eduardo Toba

Algo más que un hombre de fútbol

Eduardo Toba fue campeón de España de triple en 1946

Después de estudiar dos años Farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela, Eduardo Toba (Muxía, 1923 – A Coruña, 2001) cambió el rumbo y dirigió sus pasos hacia Medicina, carrera que cursó en la ciudad gallega y en Madrid, donde se especializó en Traumatología, Ortopedia y Rehabilitación.  El deporte estuvo muy presente a lo largo de su vida. Fue campeón de España absoluto de triple salto en 1946 en Barcelona con una marca de 13,765 metros, en cuyo torneo obtuvo además la medalla de bronce en 110 metros vallas (16.9) y la de plata en relevos 4×100 metros con el equipo de Castilla (44.9); ese mismo año obtuvo la internacionalidad enfrentándose a la selección portuguesa. Pero sin duda por lo que más se le conoce es por su dedicación al fútbol, al que se entregó profesionalmente como entrenador de diversos conjuntos y por haber sido, aunque por poco tiempo, seleccionador nacional de España en 1968. Y conviene considerarlo igualmente un experto en Educación Física.

El año 1945, en el que quedó campeón de España universitario de triple salto en Madrid con 13,70, Toba era uno de los notables atletas con que se contaba. Al término del año estaba  al frente de cuantos saltaban triple con esos 13,70 y quien le seguía era el catalán Ernesto Pons con 13,44. En 110 vallas, sin embargo, figuraba en una sexta posición compartida con otros dos atletas con un registro de 16.6, prueba  en la que mandaba el coruñés Manuel Suárez-Pumariega Molezún, defendiendo a Castilla, con 16.0.

En La Voz de Galicia del 7 de marzo de 1946 sentenciaba lo siguiente: “Creo que Galicia tiene una gran cantera deportiva y especialmente atlética, y si solamente se le prestara un poco de atención, la lista de campeones galaicos sería aún mayor”.  Y a la pregunta de cuál era la base de un buen atleta, Toba contestaba: “Considero el mejor entrenamiento el practicar mucha gimnasia”. También llegó a mencionar que una vez conseguido un salto de 13,70 “no creo que me sea difícil llegar a los 14 metros, que ya supondría una marca buena y digna de tener en cuenta. Todo consiste en un poco más de voluntad y constancia”.

En el centro, en 1945, como ganador del Campeonato de España Universitario

Su gran año atlético fue el de 1946. Cuando llegó el mes de abril se quedó a no demasiados centímetros de los 14 metros a los que aspiraba al conseguir 13,88 metros, resaltándose que había estado apartado de los entrenamientos debido a una lesión en el tobillo. No obstante esa marca únicamente le permitió acabar segundo ese año, según aportación de José Corominas, ya que el primer puesto correspondió a Óscar Simón con 13,98. La prueba en la que Toba concluyó líder del año fue la de 110 vallas al haber conseguido 16.0, con Sanromá y Molezún marcándolo muy de cerca con 16.1.

 En el boletín de la Federación Catalana se opina precisamente sobre estas dos pruebas en las que Toba se manejaba a la perfección.  Con respecto a las vallas se escribe: “Sólo diecisiete atletas han bajado de los 18” en 110 metros. Contando con nuestra casi proverbial  debilidad en “sprint”, es difícil llegar a marcas cercanas a los 15”. Toba y Sanromá, ágiles, ocupan los dos primeros puestos, pero nuestra confianza se inclina hacía el catalán Junqueras…” Y con respecto al triple se explica que Simón y Toba se “destacan notablemente de un lote de quince saltadores con marcas mínimas de 12,80 metros. Los dos castellanos, especialmente Simón, tienen muy a su alcance la marca de Lacomba…”

Con tres medallas, de todos los colores, salió Toba de los Campeonatos de España absolutos de 1946 celebrados en el estadio barcelonés de Montjuic los días 20 y 21 de julio. Era, como se sabe, atleta que representaba a Castilla, equipo que acabaría el torneo en segundo lugar detrás de Cataluña; entre nueve formaciones, Galicia, en esta ocasión, quedó muy descolgada al ser novena y última. Lo mejor que hizo allí Toba se vivió en el foso de triple salto al ganar el oro con 13,765 metros, mientras su compañero de equipo Simón se adjudicaba la plata con 13,625 y el catalán Navarro se quedaba con el bronce, 13,475.

También se enfrentó a la carrera de 110 vallas, siendo segundo en una de las semifinales (16.7), donde fue batido por el vizcaíno Gómez Cruza (16.6), pero se hizo, claro está, con un puesto en la final. La victoria recayó en el catalán Junqueras (16.3), con Gómez Cruza en la segunda plaza (16.4) y la tercera para Toba (16.9).

Integró, con García, Saenz y Valhonrat, el cuarteto de relevistas de 4×100 metros que, tras imponerse en una semifinal, acabaría en segunda posición (44.9); la victoria se la llevó Cataluña (44.4).

En primer término, en una carrera de relevos

Una semana más tarde del certamen nacional y en el mismo escenario, Toba fue llamado para competir con la selección española frente a Portugal, encuentro que finalizó con el triunfo de España. Pero el coruñés no pudo pasar del cuarto lugar (13,76), aunque el lusitano Vieira solo le aventajó por dos centímetros (13,78); Simón, por su parte, tampoco pudo ganar la prueba ya que sus 13,98 fueron inferiores a los 14,09 de Alcide.

Diego Ordóñez, en el boletín de la Federación Catalana, enjuició del siguiente modo este concurso de triple: “Luis Alcide ganó por escasa diferencia pero evidenciando una total superioridad técnica”. Y añade: “Los nuestros, inseguros, mostraron calidad que al servicio de una mejor técnica podrá llevarles muy lejos, sobre todo al novel Oscar Simón. Los dos alargan demasiado su primer salto y no “despegan” luego como debieran por desequilibrio –sobre todo- y también por insuficiente potencia de elevación”.

En agosto de 1946, A Coruña acogió los Campeonatos de España del Frente de Juventudes a los que concurrieron un millar de deportistas para intervenir en cuatro modalidades: atletismo, baloncesto, gimnasia educativa y boxeo.  En las pistas de Riazor, acondicionadas para la ocasión por el conocido técnico Picart, estuvo Toba formando parte del conjunto coruñés. Y lo hizo francamente bien, por lo que fue reiteradamente elogiado. En La Voz de Galicia se habla de su “destacada proeza” en triple salto al ir superando hasta por tres veces  el récord nacional del F. de J., resaltando, además, que “el público, que llenaba por completo la tribuna de Riazor, aclamaba sin cesar a Toba…” Se impuso en este concurso con 13,81, superándose a sí mismo nuevamente puesto que días previos a la final había saltado 13,73,  quedando segundo el pontevedrés Saavedra, 13,04, y de tercero el santanderino Castillo, 12,93.

Toba se despidió de aquel  acontecimiento  con otros tres triunfos en clara demostración de su auténtica valía: en salto de longitud (6,35), en 110 vallas (16.3) y en el relevo 4×100 (45.1) acompañado por Lorenzo, Martínez y Otero. Y la representación coruñesa, en una clasificación por provincias, finalizó segunda (la vencedora fue Barcelona).

Primero por la derecha, efectuando una salida

Habían transcurridos muy pocos días de 1947 cuando, en La Voz de Galicia, se daba cuenta de un insistente interés por poder contar en la Federación Gallega  con destacados atletas gallegos que defendían otros colores federativos. “La iniciativa”, se decía, “ha partido del gran atleta Moncho Rodríguez, que, como actualmente reside en La Coruña, está dispuesto a que tal proyecto se lleve a efecto; para ello se entrevistó estos días con Eduardo Toba, otro magnífico atleta que marcha hoy a Madrid, y que es de los que también seguirán la iniciativa de Moncho junto con los demás gallegos”. En enero, pero de 1948, la noticia era que Eduardo Toba se había integrado, como atleta, en Galicia. Y precisamente de ese año datan las tres plusmarcas gallegas que posee en 110 metros vallas y que tiene perfectamente documentadas el historiador Alfonso Posada: 16.5 el 14 de marzo, 16.3 el 21 de marzo y 15.9 el 27 de mayo, todas ellas hechas en Madrid y como independiente.

“Sigo practicando atletismo con la misma afición de siempre”, manifestaba Toba en La Voz de Galicia el 8 de julio de 1951, donde se hacía constar que poseía el título de profesor de Educación Física por la facultad de Medicina de Madrid. Por este motivo, y porque bastantes meses antes ya había sonado su nombre para dirigir, en la faceta física, el Deportivo, el entrevistador quiso saber si le ilusionaba este cometido (aunque no especificaba ningún equipo en concreto) y dijo: “Me agrada mucho la perspectiva de desarrollar una faceta así y confío en que algún día conseguiré mis propósitos”. Un par de días después, Toba firmaba el contrato como preparador físico del Deportivo.

Esta labor de preparador físico no era algo muy común en aquella época. Al menos así dejó constancia de ello en El Correo Gallego, en 1992: “Creo que entonces éramos solamente cuatro:  Roberto Ozores, en el Celta, que además era médico como yo, Ernesto Pons, que también pasó por el Celta y Villalonga, que era militar. En el resto de los equipos, el propio entrenador dirigía unas pequeñas tablas, pero enseguida ponía a los jugadores ante el balón para realizar las preparaciones de los partidos”.

Toba, que había jugado al fútbol en el Atlético Olmos, como le contó al periodista de La Voz  Luis Caparrós, superó los exámenes regionales de entrenador en julio de 1952 y acudió ese mismo mes a Burgos a un curso para lograr el título nacional, como así sucedió.  Recordaría años más tarde que en su promoción “había bastantes antiguos futbolistas e incluso algún periodista, como el asturiano Vázquez de Prada, que quería conocer a fondo aquel deporte del que luego tenía que escribir”. Pero unos días antes de acudir a Burgos, en concreto el 5 de julio, participó en la que posiblemente fue su última competición atlética: los Campeonatos de Galicia en Riazor. Estaba encuadrado en el Deportivo y corrió los 110 metros vallas. Quedó subcampeón con 17.3 y la victoria la obtuvo su compañero de equipo F. Muñoz, 17.0.

Una de las especialidades en las que destacó: los 110 metros vallas

Había dejado de ser preparador físico del Deportivo en 1952 pero, en agosto de 1954, el club coruñés contó con él como entrenador para dirigir el equipo en Primera División; su contrato era por una temporada. Con Toba en el banquillo, el conjunto deportivista jugó su primer partido en Riazor el mes de septiembre  y con resultado favorable: 2-1 al Hércules. Inmerso de pleno en el mundo del fútbol y sujeto a la fortuna o no del gol, acabó siendo también entrenador del Real Oviedo, Córdoba, Hércules, Tenerife… También cruzó el Atlántico y tuvo éxito en Costa Rica, tanto con el Sport Herediano como con la selección nacional de ese país. En España, donde fue director de la Escuela Nacional de Entrenadores de Fútbol  y presidente del Colegio Nacional de Entrenadores, dirigió la selección española juvenil y cerró su capítulo como técnico al frente de la selección olímpica (dos partidos) en la campaña 1974-75. Pero lo más significativo en este ámbito se encuentra, aunque la suerte no estuviera de su parte, en haber sido nombrado seleccionador español en 1968, cuando el equipo buscaba la clasificación para el Mundial de México 1970.

Su cometido lo inició con victoria ante Francia en un partido amistoso, pero cuando comenzó la competición de verdad el panorama cambió por completo. A España le había correspondido, en la fase previa, enfrentarse a  Yugoslavia, Bélgica y Finlandia y, tras el empate en Belgrado, las críticas arreciaron atribuyéndole a Toba cierto conservadurismo. Y con un nuevo empate frente a Bélgica en Madrid, el ambiente hostil fue creciendo de tal manera que se vio obligado a dejar el cargo cuando el conjunto español vino derrotado de Lieja. España  se quedaba así fuera del Mundial.

Cuando Toba falleció, el también médico Francisco Cairo Antelo se mostró entrañable con él en el  recuerdo. Escribió este texto: “Desde finales de los años 70 Eduardo Toba se afinca en A Coruña y desempeña su plaza de Médico Especialista en Rehabilitación del Hospital “Juan Canalejo” donde tuvimos ocasión de conocerle personalmente y compartir con él, a lo largo de varios años, momentos muy agradables. Eduardo era una persona entrañable, sencilla, cariñoso con los pacientes a los que transmitía una gran confianza y de quienes recibía continuas muestras de agradecimiento. Estas características humanas se manifestaban también con todos los profesionales que trabajábamos en el Servicio de Rehabilitación (…) Todos hemos aprendido a su lado”.

Además de proseguir como profesional de la medicina en A Coruña, la intención de Toba cuando retornó a Galicia era la de poder integrarse en el INEF gallego. Se lo manifestó así a Albino Mallo en El Correo Gallego el 27 de diciembre de 1992. “Pero fue una experiencia frustrante”, le dijo Toba, “pues el INEF tardó todavía varios años en comenzar sus clases y, cuando se eligió el profesorado, momento en el que todavía me faltaba año y medio para llegar a la jubilación, no consideraron mi currículum lo suficientemente importante como para admitirme. Fue una pena porque mi experiencia les hubiera servido en ese tiempo de profesorado y luego como asesor tras mi jubilación. Lógicamente ahora no quiero saber nada de ellos”.

Una calle, en su Muxía natal, recuerda a Eduardo Toba, un hombre que vivió intensamente el deporte.