Fecha: 13 de febrero de 2020 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Elisardo de la Torre

Todo lo mejor en un solo año

No parece que pueda existir una leve duda con respecto al mejor año que desempeñó como atleta Elisardo de la Torre (Marín, 1971). El de 1996. Después de conseguir el que fue su único título de campeón de España -en 3.000 metros obstáculos- participó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, en los que coincidió con su hermano Carlos. Y esto, quiérase o no, para un joven que se había iniciado en el atletismo con 19 años, debe considerarse un logro mayúsculo.

Declinaba el mes de junio cuando, en Málaga, el día 29, Elisardo se ganó a pulso su presencia en la cita olímpica al coronarse campeón de España de 3.000 obstáculos. Hasta los 2.000 metros de carrera, el dominio correspondió a Juan Ramón Moya, pero entonces, tal como cuenta Atletismo Español, “surgió la figura del especialista más en forma este año, Elisardo de la Torre”, que, una semana antes, había realizado en Lisboa un registro de 8:26.48, “mejor marca española del año y personal”. “De la Torre-sigue relatando Atletismo Español– se marchó en solitario decidido a hacer marca y de nuevo demostró que su selección olímpica está más que justificada, al realizar 8.28.29, tercera vez que baja este año de 8.30”. En segunda posición llegó Benito Nogales, 8:32.65.

Por la izquierda, Elisardo de la Torre, el piragüista José Manuel Crespo y Carlos de la Torre, los tres de Marín, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996

A Elisardo, en todo caso, no le resultó nada fácil hacerse con una plaza para ser olímpico (fue el único español en obstáculos). “Lo tuve que pelear mucho”, afirma, porque “la Federación Española de Atletismo es muy exigente en las marcas”. Eso le llevó a esforzarse continuamente, lo que acabó restándole efectividad. “Llegamos allí un poco fuera de forma”, comenta. “De hecho no quedé contento con mi participación”.  Pero cuando se presentó en los Juegos (las pruebas atléticas se desarrollaron del 26 de julio al 4 de agosto) el ranking español mostraba con claridad que era el mejor de la disciplina. Porque sus 8:26.48 con los que llegó a la ciudad estadounidense estaban muy por delante de los 8:29.86 de Antonio Peula y los 8:31.99 de Eliseo Martín.

Hubo tres eliminatorias de obstáculos y al gallego le correspondió entregarse a la pelea en la primera, acabando en noveno lugar (se clasificaron once atletas) con un registro de 8:42.75, siendo el ganador el keniano Josep Keter con 8:30.23. “La carrera fue un poco frustrante”, señalaría Elisardo al recordar su experiencia años después. “Nunca me sentí en carrera”. No intervino en la final. El oro se lo llevó precisamente Josep Keter con un tiempo de 8:07.12.

En el informe que hizo de su puesta en escena el Comité Técnico de la Federación Española de Atletismo se dice: “Mala actuación, sin paliativos. Fue el que tuvo más fácil pasar la primera ronda, pues la marca que necesitó la había hecho él más de seis veces en hasta 10 segundos menos, en la temporada. Su peor actuación del año, quizás influenciado negativamente por el entorno. Pudo ser finalista si hubiera repetido su mejor marca previa”.

La grandiosidad del mundo olímpico la había sentido Elisardo cuando su hermano Carlos había participado en los Juegos de Barcelona 1992. “Los viví con mucha ilusión”, señala, al mismo tiempo que recuerda que su hermano Daniel se había desplazado a la Ciudad Condal para ver a Carlos en la final de 10.000 y él, en aquel momento, cuando solo llevaba dos años de práctica atlética, pensó que algún día tenía que intervenir en unos Juegos.  Mientras califica de “fantásticos” los de Barcelona, no sucede igual con los vividos por él como atleta. “Me desilusionaron un poco los de Atlanta, pero, claro, tuvimos un atentado terrorista con una bomba, que a nosotros no nos afectó, pero que marcó un poco el ritmo de los Juegos”. Diferente resultó la observación de la ciudad. Atlanta le gustó.

El hecho de haber concurrido a Atlanta con su hermano Carlos, que corrió los 10.000 metros, supone para él algo excepcional ya que, cree, no deben ser muy frecuentes estos casos. “En otros deportes puede ser, pero en atletismo no creo que haya sucedido”. Haber sido olímpico y al lado de Carlos lo define a lo grande. “Ha sido lo máximo”, sentencia.

Flanqueado por Andrés Díaz y Mayte Zúñiga, en la cita olímpica de Atlanta

Desde un primer momento, Elisardo se inclinó por ser un corredor de obstáculos, aunque esto no se produjo por decisión suya. “El que más confió en mí fue mi entrenador Carlos Landín”, asevera.  Recuerda que tan pronto lo vio, le manifestó que debía entregarse a esta disciplina. No le dio otra opción. “Tú vales para los obstáculos”, recuerda que le dijo Landín. Y así lo hizo. Claro que echa la vista atrás y rememora una primera carrera desconcertante, en la que sin llegar a estar del todo mal “caía con las dos piernas en la ría, saltaba apoyándome en el obstáculo; bueno, un desastre técnico impresionante”. Pero, con el paso de los años, acabó corriendo los 3.000 metros obstáculos en 8 minutos 20 segundos 44 centésimas (su mejor marca de siempre). La realizó en Barakaldo el 8 de julio de 2000 en la Reunión Nacional de Fondo y en la que hubo tres españoles por debajo de la mínima olímpica (8:27.00). Porque además de su registro, que le valió para ser primero, Antonio Jiménez se clasificó segundo con 8:20.77, y tercero quedó Eliseo Martín, 8:21.27.

De su presencia en los Campeonatos de España hay que rescatar, cuando era júnior, una medalla de bronce en Soria en 1990, al cubrir la distancia en 9:14.87 y ser superado por Javier Munuera, 8:57.93, y David Villarroel, 9:10.27. Y en la cita anual absoluta, además del título nacional en 1996, conquistó un bronce en 1994 en San Sebastián, pero su marca de 8:32.17 fue insuficiente para adelantar a Antonio Peula, 8:28.28, y Juan Azkueta, 8:30.30. Ya no volvería a pisar el podio, aunque quedó cuarto dos veces (1995 y 1997), quinto asimismo en dos ocasiones (1993 y 1999), una vez sexto (1998) …

Dos veces internacional, Elisardo acudió a los Campeonatos de Europa de Helsinki (Finlandia) en 1994. El 9 de agosto se integró en la primera semifinal de obstáculos acabando octavo con 8:38.16, lo que, para Atletismo Español, supuso que su debut “en la alta competición no fue brillante”. Resalta la publicación que, por marcas previas, “podría haber optado a un puesto en la final”, pero se tuvo la impresión de que los nervios habían podido con él. “Es joven. Olvidará el fracaso y progresará con rapidez”.

España, en Helsinki, tuvo una magnífica actuación al conseguir tres medallas de oro, dos de plata y cuatro de bronce, quedando para los obstaculistas sin embargo el punto amargo. “La única carrera de mediofondo y fondo en la que España no consiguió medalla fue la de 3.000 metros obstáculos. Ninguno de los españoles llegó a la carrera final, en un signo de debilidad alarmante”. Porque además de la presencia de Elisardo allí estuvieron Jon Azcueta, que se lesionó en la eliminatoria, y Antonio Peula, undécimo en su serie con 8:44.21.

Existe un capítulo en el que el atleta de Marín lo ha bordado. Cuando ha medido sus fuerzas en el ámbito universitario.  En 1996, el año en que alcanzó la máxima cota de eficacia como atleta, se hizo con el récord de España universitario de 3.000 obstáculos al conseguir un tiempo de 8:29.97 el 12 de mayo en Santiago de Compostela. Y hay más. Para su palmarés ha sido capaz de recoger nada menos que ocho títulos nacionales en su disciplina de obstáculos. Nadie pudo con él en 1993, 1994, 1995, 1996, 1997, 1999, 2000 y 2001. Participó tres veces en la Universiada: Buffalo (1993), Fukuoka (1995) y Catania (1997). También estuvo en algunas ediciones del Mundial de cross universitario, de tal manera que en la de 1998 en Luton (Inglaterra), colaboró eficazmente a que el equipo español alcanzase la primera posición, clasificándose él en noveno lugar.

El atleta de Marín corriendo los 3.000 obstáculos en los Juegos de Atlanta (Fotos: E. de la Torre)

Lo suyo, atléticamente hablando, no solo ha sido correr los 3.000 obstáculos puesto que, por ejemplo, posee una marca muy interesante en 5.000 metros: 14 minutos 03 segundos 76 centésimas del año 1995. Pero las cinco veces que se proclamó campeón gallego (1992, 1993, 1994, 1995 y 1998), tal honor lo obtuvo en su tradicional prueba de obstáculos. Los equipos a los que perteneció fueron el New Balance San Miguel de Oia (también el New Balance ya sin aditivo alguno), la Sociedad Gimnástica de Pontevedra, y el de la Universidad de Oviedo, centro donde estudió la carrera de Fisioterapia. Una vez retirado, además de haber montado una clínica en Oviedo, se vinculó a distintos conjuntos de fútbol como el Langreo, el Caudal de Mieres, el Lealtad de Villaviciosa y el Racing de Santander, club en el que vivió, con todos sus integrantes, un auténtico drama por las dificultades económicas que pasó la entidad debido a una pésima gestión.

En un texto de Andrés Armero, en Marca.com, el 31 de enero de 2014, se da cuenta de la situación vivida en la entidad cántabra y en el mismo Elisardo arremete con dureza contra el presidente Ángel Lavín. Pero hay un párrafo revelador de la personalidad del atleta de Marín. Conviene no desperdiciarlo. “A ninguno de los verdaderos amantes del atletismo”, dice la información, “les sorprendió que De la Torre fuese uno de los implicados en la justa revolución santanderina. Ayer reconocieron en su mirada el mismo espíritu de hace 15 años, cuando era la estrella atlética del club Universidad de Oviedo. “Si no cobran mis compañeros, yo no me subo a este autobús”, espetaba la víspera de una jornada de División de Honor en Anoeta, cuando un dirigente le acercó un sobre para acallar su reclamación”.

Y escribe Andrés Armero que Elisardo “sigue sin soportar la mentira” y que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en su carrera. “Se tendría que arrepentir gente que se ha dopado y ha engañado”, manifiesta Elisardo. “A mí me gustaría que les quitasen las marcas a José Luis Blanco, Alberto García y compañía. Tendrían que estar más repudiados, porque, de lo contrario, parece que la justicia deportiva en España es un cachondeo”.