Fecha: 8 de mayo de 2014 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

José Luis Torrado

En las manos de ‘O Bruxo’

Cuando José Luis Torrado (O Seixo-Mugardos, 1935) todavía no se hacía acompañar del apodo O Bruxo que le hizo inmensamente famoso, se entregaba con enorme entusiasmo al atletismo. Aunque no tuvo una vida fácil, en la pista fue capaz de responder muy eficazmente. Alcanzó el título de campeón de España de 400 metros en 1957 y se manejó con solvencia en diferentes pruebas. Siendo O Bruxo, se convirtió en un masajista y naturópata de considerable prestigio, capaz de aliviar dolores varios a deportistas y a quienes no lo eran, lo que le supuso estar en cinco Juegos Olímpicos con la selección española de atletismo, baloncesto y boxeo.

Vino al mundo poco antes de comenzar la Guerra Civil, por lo que le correspondió crecer en época de actividad bélica y de posguerra o, lo que es lo mismo, en época de innumerables carencias. Y las dificultades para él, en sus comienzos, se acrecentaron todavía más. Lo explicó sin rodeos en la revista Galicia Atlética: “Durante 24 años he tenido que atender a mi padre, paralítico, sin apenas descanso ni horas de sueño necesarias para hacer deporte, porque también fui, por esa circunstancia, cabeza de familia desde que contaba 13 años”.

José Luis Torrado, en el estadio pontevedrés de la Juventud

El atletismo, del que también dijo, “lo ha sido todo para mí”, lo empezó a saborear en Lugo, con Gregorio Pérez Rivera encauzando ilusiones. Y cuando Torrado pasó a vivir en Pontevedra se acogió a la sapiencia como entrenador del polifacético Alfonso Posada, quien lo llevó a la consecución del campeonato nacional de 400 metros en 1957.

En junio de aquel año 1957 se celebraron por vez primera los Juegos Nacionales Laborales, organizados por el Departamento de Educación Física del Frente de Juventudes, con cinco deportes en liza: baloncesto, balonmano, fútbol, ciclismo y atletismo. En los terrenos de la Ciudad Universitaria madrileña participaron los integrantes de las ocho empresas finalistas, figurando entre ellas el Grupo Textil de Vigo, en el que estaba encuadrado Torrado.

De las tres eliminatorias que hubo de 400 metros, la que venció Torrado fue, con mucho, la de mejor tiempo, 50.9. En la final, acabó imponiéndose claramente con 51.4. Un cronista de aquel acontecimiento, al referirse a jóvenes ya conocidos en el ámbito atlético y que habían destacado, citó naturalmente a Torrado, “excelente realidad en los 100 metros y más aún en los 400”.

El estadio coruñés de Riazor acogió, en 1957, los Campeonatos de España. Y a ellos acudió Torrado, integrante entonces de la Sociedad Gimnástica de Pontevedra. Corrió la primera eliminatoria de 400 y quedó segundo (51.8) al ser superado por Francisco Ruf (51.0), atleta alemán que corría por la Federación Catalana. Cabrera (52.0) y Rancaño (51.2) fueron los ganadores de las otras dos eliminatorias.

Y llegó el momento de la final. La carrera fue ganada por Ruf (50.7), con Torrado pisándole los talones (51.0), y tras ellos Cabrera (51.4), Rancaño (51.6), Echeandía (52.2) y Cremades (53.5). Pero como las normas están para algo, al tener Ruf la nacionalidad alemana no pudo ser el campeón, tal como establecía los estatutos de la Federación Española. Tal honor, pues, pasó a manos de Torrado.

Tampoco convendría olvidarse de que en su currículo figura igualmente otro título nacional, aunque éste no sea a nivel individual. Porque en los Campeonatos de España de 1955 salió victorioso como integrante de la Federación Gallega del relevo 4×400 (los otros componentes eran Tapia, Iglesias y Bremón). Y además, para cerrar su capítulo de atleta triunfador, hay que resaltar que fue campeón gallego cinco veces, cuatro en 400 y una en 200, los años 1954, 1957, 1958 y 1960.

Corriendo en el recinto vigués de Balaídos el año 1966

Torrado no fue un competidor de una sola prueba. Cierto que se inclinó más por los 400, pero ha comparecido en diferentes disciplinas, teniendo como mejores marcas las que a continuación se citan: 11.0 en 100 (años 1963 y 1965), 22.7 en 200 (1957), 49.6 en 400 (1965), 1:52.6 en 800 (1966); 4:06.4 en 1.500 (1966), 34:39.2 en 10.000 (1965), 20.6 en 110 vallas (1962 y 1964) y 59.2 en 400 vallas (1.964). Torrado dejó de correr en 1967.

Fijémonos en la que era su carrera de más éxito, los 400 metros. El tiempo que tiene consignado como mejor marca, los 49.6 de 1965, le supusieron acabar aquel año en el noveno puesto del ranking (la mejor marca la poseía Bondía con 48.3). Pero también fue noveno en 1966 en 800 metros por su tiempo de 1:52.6, prueba en la que dominaba el aragonés Alberto Esteban con 1:47.4. Y sus 22.7 en el doble hectómetro de 1957 le valieron para ser quinto, cierto es que empatado con Alberto Díez, Melanio Asensio y Agustín Salvatella. Por delante tenía a Enrique Ichamendi y Francisco Tuduri, ambos con 22.6, Jaime López Amor,  22.5 y Javier Pagés, 22.3.

Cuando el entrenador José Luis Torres consideró que Pontevedra era el lugar idóneo para realizar concentraciones de destacados atletas nacionales, a su lado tuvo a José Luis Torrado. Lo explica bien Pedro Escamilla en el libro Un luchador contra el dolor  (1998), minuciosa biografía de quien pasó a ser conocido como O Bruxo por su maestría en recuperar lesionados. “Fue siempre Torrado el hombre necesario, importante”, escribe Escamilla. “Una especie de agua bendita para las lesiones y un ser importante que transmitía alegría, inoculaba optimismo con la inyección de su carácter abierto, risueño, comprensivo y leal”.

Se había afanado Torrado en la búsqueda de hierbas de efecto curativo tanto en su tierra gallega como en otros lugares, de tal modo que sus eficaces emplastos, unidos a sus masajes prodigiosos, produjeron recuperaciones impensables. Sigue escribiendo Pedro Escamilla sobre O Bruxo: “Y cuando surgía una malhadada torcedura, una rotura de fibras o un esguince, allí estaban, acompañando a sus otras formidables dotes, sus manos, expertas en detectar “dónde” dolía y “por qué” dolía”.

Anselmo López, uno de los dirigentes con más renombre con que contó el deporte español, convivió con José Luis Torrado durante los Juegos Olímpicos de México de 1968 (estuvo al frente de la delegación española) e incluso durante las tres semanas previas para que se adaptasen los atletas a la altitud de la ciudad mexicana. Y apreció en el gallego de O Seixo “su enorme humanismo, amistad y tal competencia que atraía a propios y extraños para que los curase con sus famosas “hierbas”, ojo clínico y manitas”.

Por la izquierda, Posada, Ortega, Areta, Odriozola, Torrado y Martínez. Sentado, Escamilla, autor del libro biografico de «O Bruxo», en la presentación en Pontevedra en mayo de 1998

Estas palabras de Anselmo López, y las que siguen, están reflejadas en el libro de Escamilla y son un testimonio certero de cuanto ha significado Torrado para muchos deportistas de nuestro país. Explica el dirigente lo que denomina como tres “milagros” de Torrado en México, en las personas de Bob Seagren, saltador norteamericano de pértiga, Giuseppe Gentile, triplista italiano, y Juan Martínez Arroyo, jugador español de baloncesto. “Ambos andaban cojeando por la Villa Olímpica desesperados porque no encontraban remedio a sus lesiones musculares”, dice Anselmo López de Seagren y Gentile. “José Luis los trató durante unos días previos a las respectivas competiciones y así Seagren obtuvo la medalla de oro en pértiga y Gentile la de bronce en triple”.

Y en cuanto al “milagro” de Juan Martínez Arroyo señala: “Juan llevaba varios meses con reiterados desgarros musculares, a pesar del continuo tratamiento a que fue sometido, llegando incluso a ser operado pensando que así se resolvía definitivamente el problema, lo que desgraciadamente no fue así, pues volvió a reproducirse la lesión al llegar a México. José Luis se ocupó de él consiguiendo ponerlo en perfectas condiciones, lo que le permitió jugar toda la Olimpiada y nunca más volvió a resentirse”.

Sus cualidades no pasaron por fortuna desapercibidas y José Luis Torrado pudo trabajar con las selecciones de atletismo, baloncesto y boxeo en acontecimientos de nivel máximo, como son los Juegos Olímpicos. Además de en México 1968, estuvo presente en Munich 1972, Montreal 1976, Seúl 1988 y Atlanta 1996. Y también perteneció a entidades relevantes como los clubes de fútbol Pontevedra y Zaragoza, y de baloncesto como el OAR de Ferrol y el Breogán de Lugo.