Fecha: 19 de junio de 2014 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Julio Castro

De corazón imponente

Su figura se agrandó de manera asombrosa en 1950. Ese año, Julio Castro (A Coruña,  1929) se hizo muy visible a los ojos de todos. El hecho de ser doble campeón nacional de 800 y 1.500 metros y de haber inscrito su nombre como internacional frente a Portugal, le situaron en la cúspide del reconocimiento. “El coruñés ha sido, sin duda, la estrella del atletismo español en la temporada que finiquita”, quedó escrito en el boletín de la Federación Catalana de aquel año de la mitad del siglo XX. “Sus notables y sorprendentes victorias, más que por sus marcas, le han proporcionado un reconocido prestigio en el mundillo atlético nacional”.

No se escatimaron elogios para un hombre que hasta entonces parecía estar situado atléticamente en un segundo término, aunque ya contabilizaba varios títulos de campeón gallego. “Castro es un atleta dotado de una vitalidad idónea para el corredor de medio fondo. Su figura recuerda exactamente la del americano Gil Dodds, recordman mundial de la milla bajo techo”, se subrayaba en la citada publicación catalana. Y Diego Ordóñez, en un resumen sobre la campaña de 1950 en Atletismo Español, destaca su calidad, señalando que le recordaba “al gran Douglas Lowe”.

Los de 1950, en Burgos, no fueron unos Campeonatos de España de impacto por haberse desarrollado en una instalación con deficiencias, pero fue precisamente allí, los días 15 y 16 de julio, donde Julio Castro compitió en cuatro pruebas, saliendo victorioso en dos.

Fue el único de los finalistas de 800 metros que acabó por debajo de los 2 minutos. Hizo 1:59.0 para alzarse con el triunfo por delante de Macías y de Martínez, ambos con  2:00.2. En cuarto lugar quedó el también coruñés Jorge Doncel, 2:01.3. Y en los 1.500, Julio Castro consolidó la victoria con una marca de 4:07.1, por delante de Rojo, 4:10.0, y de Macías, 4:11.3.

Julio Castro, con el trofeo. A la derecha, Luis Martinez

Pero “el galleguito de corazón imponente y espíritu extraordinario capaz de todo” en palabras de Pedro Escamilla, según cuenta Alfonso Posada, pretendió en Burgos más hazañas y se inscribió en los 3.000 m. obstáculos, prueba en la que acabó rozando el podio. Finalizó cuarto con 10:16.5, viéndose superado por Losada, 9:52.8, Baldomá, 10:00.5, y Escudero, 10:06.2. E, igualmente, tomó parte en el relevo de 4×400 en compañía de Doncel, Taibo y Bremón, aunque los 3:49.0 solo les valió para acabar quintos y algo alejados de los catalanes, triunfadores con 3:33.1.

A Julio Castro lo seleccionaron para enfrentarse a Portugal en Lisboa los días 5 y 6 de agosto de 1950. Era el quinto duelo entre ambos países y resultó favorable para los intereses lusos: 109 puntos a 101. Pero el que no se permitió debilidad alguna fue precisamente Castro, ganador de los 800 y los 1.500.

Cubrió las dos vueltas a la pista en 1:57.6, mientras que su compañero Macías hacía un crono de 1:58.4. Los dos portugueses, J. Franco y E. Silva, terminaron ambos en 1:59.6. Por lo que se refiere a los 1.500 metros, se impuso en 4:13.4, con J. Branco y A. Guedelha ocupando la segunda y tercera posiciones en 4:14.4 y 4:20, para cerrar la clasificación Tomás Barris, 4:30.4.

Si se juzga a Julio Castro en la que acabó siendo la única intervención internacional de su carrera, es inevitable otorgarle una nota positiva. De aquella actuación, se señaló: “El potente corredor gallego estuvo magnífico en las carreras de medio fondo. Su mala marca en los 1.500 fue consecuencia de la pista del Estadio Nacional, pésima a más no poder”.

Hasta en seis ocasiones aparece su nombre en la tabla de récords de Galicia al término del, para él, glorioso 1950, con la particularidad de que todas las marcas fueron hechas precisamente ese año, aunque, cierto es, algunas de las pruebas no corresponden a distancias olímpicas. Pero ahí figura en los 600 m. (1:25), 1.000 m. (2:36.8), 1.500 m. (4:06.8), 2.000 m. (5:46.4), 4×800 m. (8:16.8, con Doncel, Rama y Bremón), y 4×1.500 m. (17:34.4, acompañado de Fernández, Doncel y Rama). Y todavía añadiría un récord más, el de 10.000 m., al cubrirlos en 33:29.2 en una carrera realizada en Riazor el 4 de marzo de 1951.

Ostenta seis títulos de campeón gallego en pìsta como integrante del Real Club Deportivo y el Santa Lucía. En 1949 ganó los 800 y 1.500; en 1950 fue el mejor en 1.500 y en 3.000 obstáculos; y en 1954 se impuso en sus tradicionales distancias de 800 y 1.500. También el año 1951 se adjudicó la competición de cross.    

Imponiéndose en los 800 metros del encuentro Portugal-España, celebrado en Lisboa en 1950 ( Atletismo Español)

Conviene, en todo caso, no perder la perspectiva y situar al atleta coruñés en la estrecha lucha con los colegas que pugnaban por aquel entonces por ser los mejores en España. En una palabra, queremos saber su sitio en el ranking en 1950, en el que fue su año de mayor éxito. Pues bien. En los 800 metros, prueba dominada por Macías en 1:56.7, Castro es el segundo mejor con 1:57.6. En 1.000 metros, con 2:36.8, es el tercer clasificado tras Macías (2:32.7) y Barris (2.34.4). En 1.500 metros, sus 4:06.8 no le dieron más que para ser séptimo, prueba que lideraba Revert con 4:02.2. Y en los 3.000 metros obstáculos, el coruñés era décimo por sus 10:16.5.

Tampoco estuvo nada mal la actuación de Julio Castro en los Campeonatos de España de 1952 en Avilés, donde solo fue superado, aunque con claridad, por Benito Losada en la final de 3.000 obstáculos. Mientras el gallego hacía 9:57.1, el defensor del CF Barcelona se quedaba en 9:39.7. Pero es que de la ciudad asturiana se fue con otra medalla más, también de plata, aunque en la meta de los 1.500 metros se viera batido por dos atletas. Como Manuel Macías fue descalificado, Julio Castro (4:10.0) ocupó la segunda posición. El ganador fue Cesáreo Marín (4:03.0).                     

Todavía tendría tiempo el coruñés antes de abandonar el atletismo, a medidos de los años 50, de hacerse notar en otras ediciones de los Campeonatos de España de pista. En los de 1953, en San Sebastián, quedó tercero en 800 m. (2:01.9) y ayudó a Muñiz, Casal y Bremón en el 4×400 m. (3:43.2) a ocupar la tercera plaza. Y en los del año 1954, celebrados en Tetuán, se colgó otra medalla de bronce en los 3.000 obstáculos, con un registro de 9:55.0. Precisamente, el torneo de Tetuán fue muy criticado, llegándose a escribir que para lo único que habrían podido servir era “para hacer turismo”.

Julio Castro, que había destacado también en su juventud como jugador de balonmano en el equipo de la Fábrica de Armas de A Coruña, falleció en 1997. Aunque  residió en Valencia, solía volver a su ciudad natal esporádicamente. Cuenta Luis Martínez, atleta con él en el CD Santa Lucía, que se quedaba maravillado cada vez que contemplaba las pistas de material sintético ahora existentes, dándose cuenta de lo bien que se podía correr en ellas y que él, por el tiempo que le tocó vivir, no pudo disfrutar.  

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