Fecha: 22 de noviembre de 2018 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Hechos

Edwin Moses no estuvo avasallador

Edwin Moses, un fuera de serie, corrió en Riazor el 4 de agosto de 1988. Lo hizo como abanderado de un contingente de deslumbrantes atletas que compitieron en una atractiva jornada que para unos se denominó XXIII Gran Premio Ciudad de A Coruña y otros la englobaron bajo el parasol de las dos reuniones más llamativas existentes en la ciudad: II Trofeo Teresa Herrera-XXIV Gran Premio Ciudad de A Coruña (tampoco había coincidencia en el número de ediciones).

“Será la mejor reunión internacional que va a celebrarse durante el año en España, una auténtica reunión de lujo”, manifestaba en La Voz de Galicia José María Fernández Matinot, responsable de Unipublic en la organización, quien al mismo tiempo resaltaba el empeño puesto para poder contar con “los más destacados especialistas” en las diferentes pruebas a pesar de que, como comentó, estaban próximos los Juegos Olímpicos de Seúl y los atletas seleccionaban con esmero este tipo de competiciones.

Edwin Moses en el aeropuerto de Lavacolla, Santiago de Compostela, el verano de 1988

Entre el centenar largo de participantes, a quien sin duda buscaron los espectadores con más determinación fue al brillante corredor de 400 metros vallas Edwin Moses. El estadounidense nacido en Dayton, Ohio, el 31 de agosto de 1955, hacía varios años que asombraba en las pistas de todo el mundo. Entonces ya había sido doble campeón olímpico (Montreal 1976 y Los Ángeles 1984), doble campeón mundial (Helsinki 1983 y Roma 1987), además de haber triturado la plusmarca universal más de una vez (corrió la distancia en 47.02 en 1983).

Pero siendo poseedor de tan rico palmarés, difícil de alcanzar, a Moses le acompañó durante mucho tiempo una circunstancia que, si se quiere, le otorgaba otra dimensión, un aura de grandiosidad: nadie era capaz de vencerlo. Corría y ganaba, corría y ganaba… Así estuvo nada menos que nueve años, nueve meses y nueve días. Se dice pronto: 122 victorias consecutivas. Hasta que llegó un día, naturalmente, en que fue derrotado. Sucedió en Madrid, en el estadio de Vallehermoso, el 4 de junio de 1987. Ese día su compatriota Danny Harris, con un crono de 47.56, le daba la puntilla y cerraba para siempre uno de los capítulos más hermosos vividos sobre una pista (Moses concluyó la carrera de su derrota histórica en 47.69).  “El público aclamó al campeón olímpico en una mezcla de homenaje y estímulo”, escribió en Atletismo Español el periodista y escritor Carlos Toro.

Hasta el estadio de Riazor se acercaron más de diez mil espectadores. Para Moses fueron, según La Voz de Galicia, “los más calurosos aplausos de la tarde”. Merecidos los tenía tan excepcional luchador. “Hiératico en sus paseos por la pista antes de comenzar la competición”, se explica en el periódico coruñés, “protestó por los flashes de las cámaras en el momento de iniciar la carrera. Hizo un gesto con su mano y se levantó para recuperar la concentración. Mirella, su mujer, le filma en vídeo con una cámara doméstica desde todos los ángulos posibles: del disparo hasta el resuello final. Esta alemana de melena castaña y traje vaquero con chaquetilla casi torera se quejó -con el apoyo del vallista español Javier Moracho- por las molestias que habían provocado las luces y los ruidos a Moses”.

La carrera de 400 vallas resultó emocionante porque confluyeron, en la última recta, la confianza mostrada por Moses con la “potente zancada del senegalés Dia Ba” que lo puso en serios aprietos.  Solo hubo una diferencia de cuatro centésimas entre uno y otro. “Moses estuvo muy regular y enseguida tomó la delantera, pero al final se relajó demasiado. El viento molestaba mucho en la recta de llegada y ello impidió terminar alrededor de los 48 segundos”.

Los seis participantes en la prueba más ansiada finalizaron así: 1º. Edwin Moses (USA), 49.22; 2º. Amadou Di Ba (Senegal), 49.26; 3º. Nate Page (USA), 51.00; 4º. Jesús Ariño, 51.74; 5º. Santiago Fraga, 52.00; 6º. Emilio Sosa, 52.51.

El campeonísimo estadounidense (76) en el estadio de Riazor el 4 de agosto de 1988 (Fotos El Correo Gallego)

Sin embargo, de los 400 metros vallas, con el ídolo Moses en acción, no salió el vencedor del torneo y sí de los 3.000 metros lisos merced a la fantástica carrera del francés Paul Arpin que concluyó en 7:43.58, mejor marca mundial del año, adjudicándose así la hermosa torre de Hércules de plata. El galo “dio todo un recital y de nada sirvieron los esfuerzos de su compatriota Pannier y del irlandés Doherty por superarlo”. John Doherty quedó segundo con 7:44.85, y Raymond Pannier el tercero, 7:45.82. La prueba, muy concurrida, contó con un   jovencísimo Alejandro Gómez adueñándose de la cuarta posición en 7:48.38, récord gallego absoluto. El irlandés Frank O´Mara, sexto, hizo 7:53.19; José Manuel Abascal, séptimo, 7:53.51; Antonio Prieto, octavo, 7:54.52; el portugués Ezequiel Canario, undécimo, 8:03.52; José Carlos Adán, decimotercero, 8:12.19…

El toledano José Luis González, entre los más sobresalientes que acudieron a esta cita, lo hacía tras llevar once meses sin correr, de ahí su desconfianza sobre su actuación en los 1.500 metros.  “Confieso que tengo miedo porque me condiciona la lesión que tuve, aunque entrené como una bestia”, manifestaba la víspera a los periodistas. “Espero que el calor del público me motive”.

Terminaría la prueba en cuarto lugar con un tiempo de 3:38.12, habiéndose mostrado “muy conservador hasta la última vuelta”, sin que su ánimo se viera afectado. “Creo que he realizado una buena carrera después de tanto tiempo sin competir”, manifestó. “Estoy muy satisfecho porque el tiempo que he realizado es bastante aceptable. Creo que es un buen presagio y que mi recuperación va por buen camino”.

Al gran José Luis González le precedieron aquel día agosteño de 1988 dos norteamericanos: Joe Falcon, ganador con un registro de 3:36.87, y Herve Phelippeau, tercero con 3:37.77; para el danés Mogens Guldberg quedó la segunda posición en 3:37.52.

Las mujeres triunfadoras en la reunión coruñesa fueron: Cretha Trom (Holanda), 57.17 en 400 vallas; Sheila Echols (USA), 6,22 en longitud; Ángeles Barreiro, 55,16 en disco; Natividad Vizcaino, 49,90 en jabalina; Julia Cuthbert (Jamaica), 23.53 en 200; Fabienne Ficher (Francia), 50.90 en 400; y Dolores Rizo, 4:22.09 en 1.500.

Otros vencedores masculinos fueron los siguientes: Jim Howard (USA), 2,24 en altura; Roger Kingdon (USA), 13.53 en 110 vallas; Chidi Imor (Nigeria), 10.19 en 100 (serie A) y James Butler (USA), 10.66 (serie B); Andrew Valmon (USA), 45.95 en 400; Julián Sotelo, 69,90 en jabalina; Fehti Baccouche (Túnez), 8:26.51 en 3.000 obstáculos; y Sammy Koskey (Kenia), 1:48.27 en 800.

La ocasión, con este torneo de envergadura, resultó propicia para que el presidente de la Federación Gallega de Atletismo, Sergio Vázquez, le impusiera la Insignia de Oro de la institución a su colega de la Federación Coruñesa Jorge Doncel, quien llegara a ser en su juventud campeón de España de 400 metros. El veterano dirigente opinó así de la reunión: “Creo que en conjunto se consiguieron marcas de muy buen nivel, mucho más de lo que yo esperaba”; la reticencia era debido a que los atletas tenían programada su temporada con vistas a los Juegos Olímpicos “y no podían vaciarse aquí”.

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