Fecha: 7 de enero de 2016 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Ángeles Barreiro (I)

Nadie la quería entrenar

El 10 de junio de 1994, en Ferrol, Ángeles Barreiro (Boimorto, A Coruña, 1963) llegaba con el disco a 60 metros y 56 centímetros, lo que suponía para ella la superación de su propio récord nacional por decimoséptima vez; esta plusmarca, la última que consiguió en su brillante carrera, tardó en batirse 21 años y 5 días puesto que el 15 de junio de 2015, en León, Sabina Asenjo alcanzó 60 metros y 74 centímetros. Entonces de manera inevitable volvió a relucir el nombre de Ángeles Barreiro, la mujer que dominó el lanzamiento de disco en el país toda una época, sumando once medallas de oro, cinco de plata y cuatro de bronce en los Campeonatos de España (en peso consiguió cuatro de plata y tres de bronce). Era una veinteañera cuando debutó en 1983, en A Coruña, con la selección española, a la que acabó defendiendo en 36 ocasiones y en acontecimientos de tanta relevancia como los Campeonatos del Mundo de Tokio 1991 y los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Raimundo Fernández y Ángeles Barreiro en A Coruña en marzo de 1996

Su comienzo en el atletismo no deja de ser un tanto curioso, sobre todo teniendo en cuenta la cotización que alcanzó posteriormente. En el colegio coruñés Eusebio da Guarda observaron que disfrutaba especialmente con el ejercicio físico y la encauzaron hacia el estadio de Riazor, donde terminó por encontrarse con Raimundo Fernández Vázquez, el entrenador que la amparó en todo momento. “Era una chiquita que andaba correteando por el estadio, con trece o catorce años, y fue rechazada por todos los entrenadores porque no era suficientemente veloz, era más bien gordita, una bolita, no corría, no saltaba…”, recuerda Raimundo. “El que era mi maestro, Gregorio Pérez Rivera, que me tenía un poco como su mano derecha, me dijo: `Aquí llegó una chica que nadie la quiere entrenar, me la han dado a mí, cógela, a ver qué sale de ahí´. Ángeles fue rechazada por todo el mundo como una persona que no valía para hacer atletismo”.

Conviene situarse ahora, dando un salto considerable en el tiempo, en el mes de agosto de 1983. Con una diferencia de once días, Ángeles se convirtió primero en internacional y después se hizo dueña de la primera de sus plusmarcas españolas. El día 17 en Riazor, la selección de Yugoslavia ganó de manera amplia a la española, 95 puntos frente a 61, y en la prueba de disco las balcánicas Brendar y Golobic, con 47,20 y 47,16, poca opción dieron a Barreiro y Gambús que lanzaron 44,24 y 43,96. Pero el día 28 en Vigo, también en un encuentro internacional entre España, Francia y Portugal, la atleta gallega trituraba el récord español de disco al conseguir 49,62 (lo tenía en su poder Gambús en 48,56 desde el 23 de julio de ese año 83).

Las marcas que iban constituyendo un nuevo récord español se fueron sucediendo, de tal manera que en 1984 se convirtió en la primera mujer que sobrepasaba la barrera de los 50 metros (50,38 en Ferrol), aunque este registro no fue homologado “por falta de documentación”, según se refleja en el libro Cronología de los récords y mejores marcas españolas de atletismo. Este traspié se solucionó el año 1985 en Barcelona cuando el disco llegó a 50,40. Y finalizó ese 1985 con 52,20 y cerró 1986 con 54,44 y en 1988 ya estaba en 55,18 y concluido 1989 había llegado hasta 56,10. No volvió a moverse la tan deseada y complicada lista de récords hasta 1991, no habiendo siendo precisamente Ángeles la que la agitó en un inicio. En mayo, Sonia Godall se situaba ligeramente por delante al conseguir 56,66, aunque conviene tener en cuenta que la satisfacción por tal gesta le duró poco más de un mes: en junio, en Ferrol, Ángeles se distanció hasta 56,70. La reina del disco seguía siendo ella.

La coruñesa participando en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992

Los Campeonatos del Mundo de Tokio de 1991 quedaron para la posteridad sobrecogidos de admiración por el extraordinario salto de longitud de 8,95 metros de Mikel Powell, poniendo así fin a 23 años de incontestable reinado de Bob Beamon, el del inesperado y fantástico salto de 8,90 en los Juegos Olímpicos de México 1968. En Tokio también estuvo Ángeles. “Lo hice bastante mal”, dice. Lo contrario en cierta medida hubiese sido un milagro. Piénsese que para estar en la final se exigían 61 metros, un imposible para ella. Solo cinco atletas superaron la barrera impuesta y se hizo necesario repescar a siete más. Ángeles, claro, no estaba entre ellas porque había realizado un mejor lanzamiento de 51,24, seguido de otro peor de 49,30, cerrando su actuación con un nulo. El título de campeona mundial se lo adjudicó en Tokio la búlgara Tsvetanka Khristova con una marca de 71,02.

Lo más sugestivo de 1992 era los Juegos Olímpicos a celebrar en Barcelona. Había que concentrar todas las energías para poder estar en ellos. Y Ángeles se esmeró de forma admirable de tal modo que se superó a sí misma batiendo el récord cinco veces. Arrancó con 56,74 en abril, le replicó en mayo, el día 16, Sonia Godall con unos espléndidos 57,14, pero seis días después, en Ferrol, Ángeles le retiraba la miel de los labios a Sonia al lanzar 57,26; vendría después un 57,36 en Sevilla y el 20 de junio en San Jacinto (Portugal) alcanzaba la meta requerida al situar el disco en 58,92 que acabó siendo 59,22 al día siguiente en el mismo lugar.

El 2 de agosto salieron a las pistas de Montjuic 28 lanzadoras de disco con el pensamiento puesto en el oro olímpico, aunque primeramente se hacía necesario pasar la criba de la calificación. Ángeles únicamente aprovechó el primero de sus tres tiros con un lanzamiento flojo de 53,14; los otros dos fueron nulos. Las atletas se encontraron con el inconveniente de que los jueces, para no poner en peligro a unos saltadores, optaron por cerrar un poco la jaula, lo que trastocó a las lanzadoras. “Todo el mundo protestó”, señala Ángeles, “porque nos descoordinó a todas. Te tenías que colocar de otra manera y la mayoría de los discos, a casi todas, les pegaron en la reja o se iban fuera del sector”.

Observándolo todo en el recinto estaba Raimundo Fernández, quien lamentó igualmente aquella situación inesperada: “Fue uno de los problemas porque Ángeles tiene una cierta tendencia a sacar el disco muy a la derecha y eso está pensado y estudiado así. Le cerraron la jaula y le crearon un problema de vectores. No fue capaz de resolverlo en solo tres tiros que le daban en una calificación. Fue un factor que no se contaba con él y que nos perjudicó”.

Ángeles Barreiro superó el récord nacional de disco en diecisiete ocasiones

El entrenador, sin embargo, no centra exclusivamente en ese hecho la floja actuación de Ángeles. Es más, se autoinculpa de su pobre rendimiento y le entristece. “Semanas antes de la competición hice mucho trabajo de fuerza especial dirigido al brazo”, comenta. “Evidentemente ella mejoró una barbaridad con los artefactos pesados de tres kilos. Tenía parámetros de atleta de altísimo nivel y cuando llegamos a la Villa Olímpica, nada más entrar me dijo: `Ray no puedo con el brazo´. Lo había agotado. Mi mayor fracaso como técnico fue un error de planificación de una Olimpíada con un trabajo excesivo dirigido a la fuerza especial del brazo que la dejó fundida”.

Y para colmo todavía conviene agregar un aspecto más a los inconvenientes con que se encontró Ángeles en Barcelona. “La Villa Olímpica era una verbena”, añade Raimundo. “Prácticamente no pudo dormir las dos noches anteriores a la competición. Ya había mucha gente de otros deportes que había finalizado y aquello era una fiesta. Hacía mucho calor y no lo asimila bien. Fue un cúmulo de imprevistos negativos que hicieron que ella no estuviera mejor de lo que podía haber estado”.

Entre las catorce lanzadoras que pretendían estar en la final en el grupo que le correspondió lanzar a Ángeles Barreiro, ésta, con sus 53,14 finalizó la decimosegunda, quedando en último lugar su amiga portuguesa Teresa Machado con unos casi insignificantes 49,58.

El apunte de Atletismo Español a la actuación de Ángeles en Barcelona dice así: “Lástima que la final olímpica no se desarrollase en San Jacinto (Portugal), porque en ese caso Ángeles hubiese lanzado seis metros más. Como en el caso de Margarita Ramos, hace pocos años, quién iba a pensar que una discóbola española participaría en los JJ.OO. Nadie”. Son líneas, por lo que se ve, a una mujer adelantada a su tiempo.

Las tres lanzadoras de disco que obtuvieron en Barcelona la recompensa del oro, la plata y el bronce fueron: Maritza Marten (Cuba) con una marca de 70,06, Tsvetanka Khristova (Bulgaria), 67,78, y Daniela Costian (Australia), 66,24.

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