Fecha: 23 de junio de 2016 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

María Abel (I)

Maratón especial en Atenas

De los diez maratones que corrió, dos de ellos de rango mundialista, Edmonton 2001 y París 2003, ninguno parece comparable al que disputó en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, porque en este caso las atletas pudieron adentrarse en las raíces de la Historia al correr entre el lugar de Maratón y la capital ateniense y concluir en el singular estadio Panathinaiko, el mismo donde se celebraron los primeros Juegos de la Era Moderna en 1896. Esa fantástica experiencia la vivió María Abel (Lugo, 1974) en la que era su segunda comparecencia olímpica ya que cuatro años antes, en Sídney, había participado en los 10.000 metros.

De izquierda a derecha, Dolores Pulido, María Abel y Beatriz Ros en el estadio Panathinaiko de Atenas durante los Juegos Olímpicos de 2004

En la carrera que se disputó el 22 de agosto de 2004 intervinieron 82 atletas, habiéndose clasificado 64. El recorrido, de Maratón a Atenas, era el mismo que se utilizara en los Mundiales de 1997 con triunfo de Abel Antón. Se trataba de un terreno complicado, en absoluto llano, por lo que la dificultad se incrementaba. Lo sabía bien la lucense. Se lo había dicho Fabián Roncero, uno de los participantes en 1997, quien tuvo que ser atendido por los médicos debido a lo mucho que había sufrido. María Abel y Roncero se entrenaban de cuando en cuando juntos en Madrid y le previno de su indudable dureza. Tranquilidad y calma fueron las palabras que más escuchó. Y eso lo llevó a la práctica. “Tengo que reconocer que pequé de conservadora. No debería haber salido tan atrás”, manifestó la atleta años después.

María Abel recuerda bien aquel instante previo a ponerse en acción. “Disfruté muchísimo. La salida fue como un momento mágico”.  El lugar tenía encanto. Y se percató pronto de que era infundado un temor que le preocupaba: realizar la carrera sin espectadores al discurrir buena parte de la misma por sitios despoblados. Pero no fue así. Un público animoso lo invadió todo. El contratiempo estuvo en el calor. Atletismo Español habla de una temperatura de 35º y una humedad del 37% a las seis de la tarde en Atenas, de tal manera que a medida que avanzaba la prueba “la temperatura bajaba poco a poco y la humedad relativa era cada vez mayor. Una auténtica pesadilla”. Y señala un dato revelador: 24 de las participantes poseían una marca inferior a 2 horas 30 minutos y solo cinco lograron terminar en menos de ese registro.  Significativo también que las tres españolas, María Abel, Beatriz Ros y Dolores Pulido, calificaran la carrera “como una tortura”.  María Abel terminó en el puesto 26º con 2h40:13, Beatriz Ros en el 32º con 2h41:51, y Dolores Pulido en el 37º con 2h44:33.

El de Paula Radcliffe era el nombre que más sonaba para llevarse la victoria. La británica, plusmarquista mundial en 2h15:25, no había tenido un año plácido por culpa de las lesiones,  circunstancia que no le impidió ponerse al mando del grupo con su brío característico. La situación para ella empeoró a partir del kilómetro 25. Entonces no fue capaz de responder al ataque de la japonesa Noguchi y la etíope Alemu y se quedó en tercera posición con un sufrimiento atroz. Se aferraba a la tercera plaza como un mal menor cuando se vio superada por la keniata Ndereba. Trató de no verse apeada del podio y buscó de manera desesperada arrebatarle ese puesto de honor a Alemu. Pero al no ser capaz optó, entre sollozos, por la retirada. El triunfo fue para Noguchi, 2h26:20; segunda quedó Ndereba, 2h26:32; y tercera la estadounidense Kastor, 2h27:30, después de una sorprendente remontada.

En 1997, María Abel abandonó Galicia y pasó a vivir en Madrid. Dio este paso porque su novio, militar, había sido destinado a la capital de España. Dispuso de una beca externa de la Residencia Blume y decidió que la entrenara Luis Miguel Landa por la sencilla razón de que era quien dirigía a los también lucenses Alessandra Aguilar y Ricardo Castaño. Su relación con Landa, aunque fue duradera, no fraguó en una relación de complicidad. Él fue quien precipitó que comenzara a dedicarse al maratón en 2001. “Si por él fuera”, explica, “hubiera hecho maratón ya casi en Sídney. Creo que siempre ha pecado de que sus atletas hicieran enseguida maratón. Me convenció ya ese año para hacerlo”. Está segura de que si no hubiese estado con Landa, de vocación maratoniana, tal vez hubiese aguardado un par de años a dar el paso. “Hubiera exprimido un poco más las distancias más cortas”.

Las tres maratonianas españolas en los Juegos de Atenas 2004: María Abel, Beatriz Ros y Dolores Pulido

Su debut como maratoniana se produjo el 22 de abril de 2001 en Rotterdam, con un estupendo tercer puesto y un tiempo de 2 horas 29 minutos 45 segundos (esta marca le valió para terminar el año siendo primera en el ranking nacional). Corrió más rápido la segunda parte del maratón que la primera, “dejando una impresión de haber podido correr más”, dice Atletismo Español.  La victoria se la adjudicó la keniata Susan Chepkemei,  plusmarquista mundial de medio maratón, en 2h25:55, y fue segunda la japonesa M. Koide, 2h28:28. Y claro está, hubo más españolas en acción: Eva Sanz acabó quinta, 2h30:56; Griselda González fue sexta, 2h31.05; y Marta Fernández de Castro finalizó séptima, 2h32:50.

La atleta lucense recuerda aquella primera incursión maratoniana con gran satisfacción. “Fue un maratón en el que disfruté muchísimo”, diría años más tarde.  Estando en la salida llegó a emocionarse y se acordó de su familia. “Me sentía especialmente feliz”.  Y, en carrera, no se vio comprometida en momento alguno. “Debutar en uno de los maratones más importantes de Europa, con una marca muy buena y haciendo podio, para mí fue una experiencia inolvidable”.

Lo que bien empezó no continuó sin embargo de la misma manera. Y es que el 12 de agosto de ese año 2001 acudió a Canadá, a los Mundiales de Edmonton, donde los maratonianos españoles no estuvieron afortunados. No hay lugar para las dudas en Atletismo Español: “Por unas causas o por otras el maratón español, más los chicos que las chicas, no aprobó en Canadá”. María Abel, sin embargo, fue la mejor de las representantes españolas, en el puesto 25º, aunque su registro, 2h35:09, dista bastante del que había realizado casi cuatro meses antes.  Sus compañeras quedaron así: 27ª Luisa Larraga, 2h36:20; 28ª Marta Fernández de Castro, 2h37:09; 29ª Griselda González, 2h37:52; y 35ª Eva Sanz, 2h41:16. En la Copa del Mundo, el equipo femenino español quedó en sexta posición.

La carrera de maratón femenina en Edmonton la finalizaron 52 atletas, siendo la mejor la rumana Lidia Simon con 2h26:01, seguida de la japonesa Reiko Tosa, 2h26:06, y con la rusa Svetlana Zakharova en tercera posición, 2h26:18.

El primero de los dos maratones que ganó fue el de Valencia el 3 de febrero de 2002, en el que se inscribieron 1.700 atletas. Explica Atletismo Español que la lucense había acudido con la intención de batir la mejor marca española que era de 2h26:51 en poder de Ana Isabel Alonso. María Abel “corrió por debajo de ese tiempo durante más de 30 kilómetros”. Le fallaron las fuerzas hacia el final, no pudo con el tope nacional que anhelaba, “a pesar de su valiente lucha y de contar con la inestimable ayuda de Jesús Alvarado durante todo la carrera en las labores de liebre”. Su tiempo fue 2h28:08 (su segunda mejor marca de siempre). Finalizada la competición, se manifestó de este modo: “Por los últimos entrenamientos me creí convencida de poder bajar la plusmarca nacional aquí, pero hoy mis sensaciones no han sido las mejores. Otra vez será”. La rusa Olga Bylinkina fue la segunda clasificada con 2h38:54.

María Abel debutando como corredora de maratón en Rotterdam el 22 de abril de 2001 (Atletismo Español)

No hubo año maratoniano para María Abel como el de 2002 porque, en octubre, exactamente el día 27, obtuvo en la ciudad alemana de Frankfurt la mejor marca de su vida: 2h26:58, situándose de nuevo al frente del ranking español de ese año. Se quedó a solo 7 segundos de la plusmarca española, un día en el que las condiciones meteorológicas fueron complicadas, con lluvia intensa. La segunda clasificada fue Luminita Zaituc, subcampeona europea, con 2h29:57.

Llevaba cuatro maratones a sus espaldas cuando, el 31 de agosto de 2003, tuvo que disputar el de los Mundiales de París, donde la keniata Catherine Ndereba dio una auténtica lección de estrategia y clase imponiéndose con 2h23:55. En Atletismo Español se refieren a María Abel como una de las destacadas. “Fue la más valiente de las españolas en la primera mitad de la carrera, y luego siguió la estela de Beatriz Ros”. Finalizó en el puesto 15º con 2h30:15, dos lugares por detrás de Beatriz Ros, quien concluyó en 2h29:25; María Teresa Pulido acabó con 2h34:37 de trigésimo primera (se clasificaron 62 atletas). Pero también se escribe algo más de María Abel, al fin y al cabo la maratoniana de mayor proyección en aquellos momentos: “Hay que destacar la buena adaptación de la gallega a su nuevo entrenador, Fernando Lozano, y la superación de problemas físicos en los pies a lo largo de la carrera. Como ella misma declaró, ha vuelto a disfrutar de ser atleta”.

Después vendrían otros maratones: el de Rotterdam el 4 de abril de 2004 (quedó cuarta con 2h32:25); en el de los Juegos de Atenas acabaría obteniendo la peor de sus marcas y tras éste le surgieron dolencias estomacales que le perjudicaron: octava en Rotterdam el 9 de abril de 2006 (2h35:30) y también octava en París el 15 de abril de 2007 (2h35:47). Afortunadamente, dieron con el mal que le aquejaba. “Creo que no asimilo las sales que tomamos en competición”, manifestó entonces. Y con los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 en el horizonte intentó conseguir la marca mínima para estar en ellos. Por eso tomó la salida del Maratón de Sevilla el 24 de febrero de 2008, aunque su tiempo de 2h33:32 no fue suficiente para volver a ser olímpica; en la ciudad hispalense el triunfo se lo llevó la portuguesa Ana Dias con 2h29:22.