Fecha: 11 de octubre de 2018 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Antonio Sánchez

Campeón en tiempos difíciles

En julio de 1941, dos años después de haber terminado la Guerra Civil, los Campeonatos de España se celebraron en el estadio de Vallejo, en Valencia, “al que se dota de una pista infame”, escribe Pedro Escamilla, “cuyo piso redunda en la pobreza de las marcas, que harían reverdecer de orgullo a las que se obtenían quince o veinte años antes”.

En este escenario tan poco reconocido, propiedad de la U.D. Levante, fue donde Antonio Sánchez (Pontevedra, 1911-1987) obtuvo los títulos nacionales de 100, 200 y 4×400 metros, lo que fue sin duda lo más destacado en su larga trayectoria de diecisiete años de actividad, “siempre con un alto espíritu deportivo y una vocación atlética verdaderamente ejemplar para las nuevas promociones”, según se lee en el boletín de la Federación Catalana de noviembre de 1951.

Antonio Sánchez quedando campeón de España de 100 metros en Valencia en 1941. La foto, como se aprecia, está fechada erróneamente

Hubo notorias ausencias, también de Galicia. No concurrieron ni Celso Mariño, ni Joaquín González, ni los hermanos Domínguez Sobral. Y de la media docena de gallegos que hasta allí se acercaron, quien obtuvo mayores réditos fue Antonio Sánchez. Se impuso en los 100 metros con 11 segundos y 6 décimas, y en los 200 con 24 segundos.

En El Mundo Deportivo le dedicaron estas líneas: “El gallego Sánchez ha logrado por fin un merecido premio a su constancia y afición. Campeón español de los 100 y 200 metros lisos, ha demostrado sobre la pista su superioridad encima del resto de participantes. Su victoria no puede ser puesta en duda, pues ha llegado nítida. Ha sido el triunfo del mejor”.

Formó parte también de los dos equipos de relevos: en 4×100 alcanzó el cuarto puesto, aunque en 4×400, completando el grupo Emilio Rodríguez Cid, Ángel Docobo y Juan Lorenzo, resultó triunfador con un tiempo de 3:41.4 (récord gallego). La formación gallega se había impuesto en una semifinal con 3:45.6, y el cuarteto catalán lo había hecho en otra, de tal manera que la lucha por el triunfo se centró en estos dos equipos. Se dejaron todo lo que podían dejarse en aquella maltrecha pista y hasta la misma línea de meta no se supo quién ganaba. A los dos conjuntos se les otorgó el mismo tiempo, pero la victoria se la llevó Galicia.

Para poder hacerse con un pequeño hueco en la historia, también ganaron aquellos días 26 y 27 de julio, otros atletas: Andreu (Cataluña) corrió los 10.000 metros en 34:18.4; Brotó (Aragón) lanzó el martillo hasta 34,90 metros; Sanromá (Guipúzcoa) hizo los 400 vallas en 1:02.4; en pértiga, el catalán González saltó 3,40; Vidal (Levante) se impuso en 110 vallas con 17 segundos; Martín (Centro) llevó la jabalina a 51,12 metros; Fonserrat (Cataluña) ganó los 1.500 en 4:12.4; Pons (Cataluña) fue el mejor en altura con 1,75; Piferret (Cataluña) invirtió un tiempo de 53.8 para vencer en los 400 metros…

Pero volvamos a Pedro Escamilla, rememorando aquel acontecimiento. Dice: “Probablemente aquel fue el peor de los campeonatos de España de todas las épocas, aunque no convenga olvidar el malísimo de Tetuán, en Marruecos, en 1954”. Y señala, de aquella concreta y complicada época, quien tanto y bien escribió sobre este deporte: “El movimiento atlético es más fecundo en el ámbito universitario. Los Juegos Nacionales Universitarios reúnen a los mejores de nuestro atletismo. Ellos inyectan vigor y nueva vida al paupérrimo atletismo federativo, huérfano de apoyo económico”. Quizá no convenga olvidar las enormes dificultades en aquel país de principios de los 40 cuando se empezaba a recuperar de la contienda bélica y ya se vivía la Segunda Guerra Mundial. Por escenificar mínimamente aquel momento, acerquémonos al escritor Juan Eslava Galán: “Hacía estragos el hambre y sus secuelas, el piojo verde (tifus exantemático) y la tuberculosis. Unos 18.000 jóvenes se enrolaron en la División Azul que Franco enviaba a Hitler, muchos por ideología, otros como un medio para escapar de la miseria y del hambre; algunos para hacer méritos para un puesto oficial. También partieron 10.000 trabajadores a Alemania”.

De izquierda a derecha, Ángel Docobo, Antonio Sánchez, Emilio Rodríguez Cid y Juan Lorenzo, ganadores del título español de 4×400 en 1941 (Galicia Atlética)

Al pontevedrés Antonio Sánchez lo encontramos de nuevo en aquel 1941 donde tan arriba llegó, en el primer Torneo de Campeones que se llevó a cabo en octubre en el estadio barcelonés de Montjuic. Allí estuvo, en plan triunfador, el gran velocista gallego Francisco Domínguez Sobral, irresistible tanto en los 100 como en los 200 metros, pruebas en la que Antonio Sánchez solo pudo ser cuarto. Sin embargo, La Prensa refleja un intento de récord de 4×200 en el que figura como uno de los componentes Antonio Sánchez en unión de Francisco Domínguez Sobral, Salvador Mercader y Ramiro Cruza, consiguiendo estos cuatro hombres una nueva plusmarca nacional al realizar un tiempo de 1:33.8. También este mismo año 1941 se apoderó del récord gallego de 800 metros al correrlos en 2 minutos y 5 segundos.

Conviene alabar igualmente su actuación en los Campeonatos de España de 1942 en la instalación de la Ciudad Universitaria de Madrid, donde consiguió el tercer puesto tanto en 200 como en 400. Revuelta (Montaña) fue el ganador de los 200 con 23 segundos y el santiagués Lorenzo venció en los 400 con 51.6. Pero Sánchez también formó parte del relevo gallego de 4×400 que alcanzó la segunda posición, siendo superado por el conjunto catalán, 3:35.6/10, que se mostró muy fuerte, señalando la prensa que Mercadé “ha efectuado una espectacular carrera…” y “Piferrer ha cerrado este triunfo con un sostenido sprint que no ha podido resistir el representante de Galicia Sánchez”.

Quien en todo momento defendió los colores de la Sociedad Gimnástica de Pontevedra, hizo su debut en los Campeonatos de Galicia de 1930, rebajando el récord gallego de 400 metros hasta 56.4/5 en semifinales, clasificándose subcampeón en la final, según se explica en la publicación federativa catalana. Se le seleccionó entonces para los Campeonatos de España celebrados en Barcelona y, tras ser el vencedor en una semifinal con 54.4/5, se clasificó el quinto en la final; con el conjunto de 4×400 de su región acabó siendo subcampeón nacional (3:47.4/5).

Se expone de él que fue de esos atletas que nunca regateó el esfuerzo, “prodigándose continuamente en una evidente demostración de amor al atletismo”. Y como testimonio de tal afirmación se indica que, en los Campeonatos de Galicia de 1933, participó en distintas pruebas con estos resultados: tercero en 100, cuarto en 200, primero en 400 y 800, cuarto en 110 vallas y primero en 400 vallas y en los relevos 4×100 y 4×400 de los que formó parte.