Fecha: 16 de noviembre de 2017 · Autor: Emilio Navaza · Categoría: Personajes

Carlos de la Torre

Un competidor duro

De los cuatro hermanos De la Torre Allariz, tres de ellos, Daniel, Carlos y Elisardo, se decidieron por el atletismo y con un rendimiento espectacular. Fue Carlos (Marín, 1966) el que pisó por dos veces suelo olímpico al haber estado en los Juegos de Barcelona 1992 y en los de Atlanta 1996 (a la ciudad americana también acudió Elisardo) corriendo en ambas ocasiones los 10.000 metros, distancia en la que se encumbró como campeón de España en 1990.

Se hizo un atleta de mérito, respetado, en muy poco tiempo. Comenzó a entrenarse a finales de 1987 con Carlos Landín, el único hombre que dirigió toda su carrera y que contó en la web Mis Atletas cómo habían sido los inicios de su pupilo: “Empezó porque yo se lo pedí y a él le encantaba”. Landín, igualmente de Marín, relata que Carlos llegó a soñar que podía ser tan bueno como los hermanos Castro, portugueses, cuando se entrenaba por el Lago de Castiñeiras, porque era el propio entrenador el que le hablaba de ellos y también de Mamede y de Leitao… “Y cuando un atleta tiene condiciones y sueña, lo demás es fácil”, apostilla el técnico.

Carlos de la Torre corriendo los 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992

Claro que Carlos de la Torre, que provenía del mundo del  fútbol, habiendo jugado en los juveniles del San Andrés, donde al parecer se defendía bien como lateral o extremo, tuvo que aportar algo de su parte porque tampoco fue llegar y saborear ya las mieles del éxito. Al menos, no fue así cuando se vio fajándose en las carreras populares. “Me acuerdo que mi hermano Daniel era el que ganaba siempre”.  Pero él, es indudable, traía consigo el equipaje apropiado para  destacar. Ya en el colegio Carballal de Viñas Blancas era prácticamente invencible. “Hacíamos pruebas alrededor del colegio y doblaba a todos”.  Y aquí conviene volver a las palabras de Carlos Landín para tener esa visión completa del hombre que nos ocupa: “Lo más grande de Carlos era su voluntad de hierro. Nunca dejó de hacer un entrenamiento, excepto por gripe. Siempre acababa el programa del día, de la semana, del mes… Sufría, pero entendía que ése era el camino y lo seguía con valentía. Es muy difícil encontrar una persona con tanta voluntad y cualidades”.

Situémonos en junio de 1990 en Kapfenberg (Austria). Allí, Carlos obtuvo una victoria muy comentada, una victoria de cierto prestigio. Según Atletismo Español, “se convirtió en el gran triunfador de la XI edición del Torneo de la Westathletic”. Ningún español hasta entonces había sido capaz de ganar la prueba de 10.000 metros, y lo hizo él. Terminó las 25 vueltas a la pista en 28:25.72, dejando atrás al portugués Ezequiel Canario, 28:30.49 y al irlandés Richard Mulligan, 28:53.72, segundo y tercero en la meta. La selección española masculina, muy dominadora en esta competición, doblegó esta vez “sin despeinarse”, en palabras de Gerardo Cebrián, a las representaciones de Austria, Holanda, Suiza, Portugal, Bélgica e Irlanda.

No fue el de Austria, en la Westathletic, el único triunfo con sonoridad a tener en cuenta en 1990 ya que, en agosto, en Jerez de la Frontera, el atleta pontevedrés se alzó con el título de campeón de España de 10.000 metros, el único que posee. Dice Atletismo Español: “El atleta del New Balance-San Miguel de Oya ya había mostrado su calidad en la Westathletic, donde, en su primera carrera internacional, triunfó apoteósicamente”. La carrera se disputó a las once y media de la noche y “fue anodina hasta los metros finales, en los que Carlos de la Torre se impuso al veterano Cándido Alario”. El ganador terminó en 28:50.91 y el subcampeón lo hizo en 28:51.08. Al tercer puesto del podio se subió Juan Crespo, 28:53.82. “Fui muy cómodo toda la carrera”, comentaría el campeón, aunque hizo ver que tuvo que seguir la estela de Alario algo más de un centenar de metros hasta poder rebasarlo “casi en la línea de meta”. “Por andar despistado casi pierdo el campeonato cuando en esos momentos era muy superior a ellos”.

 A la prueba le habían faltado acaso los mejores especialistas (Prieto, Albentosa, Fiz, Alejandro Gómez…) debido a la cercanía con la competición continental. En todo caso, nada desmerece  el buen año de Carlos de la Torre quien, en septiembre, todavía conquistaría la medalla de bronce de los Iberoamericanos en Manaos (Brasil) al correr los 10.000 en 29:49.19, donde fueron mejores que él  el argentino Antonio Silio, 29:27.61, y el también español Juan Carlos Paúl, 29:46.80.

Alejandro Gómez, izquierda, y Carlos de la Torre tras participar en la cita olímpica de Barcelona

En 1992, con las puertas de los Juegos Olímpicos de Barcelona a punto de abrirse, Carlos encabezaba el ranking del año de 10.000 metros con un registro de 27:59.77 (era el único español por debajo de los 28 minutos) y en Atletismo Español se le citaba como “gran competidor”.  Además de él en esta prueba estuvieron también los gallegos de Vigo Alejandro Gómez y José Carlos Adán, tres pontevedreses en definitiva, una circunstancia que nunca se había dado, lo que, para el propio De la Torre suponía “un orgullo”. Pero cuando hubo que correr, él y Alejandro Gómez en la primera serie, la cosa no resultó, aunque dice que “el primer kilómetro corrí muy bien”. Recuerda que entonces los keniatas y el italiano Antibo “empezaron a tirones” y esto le llevó a él a un segundo grupo. Y se puso al frente del mismo. “Yo iba intentando conectar pero no colaboraron nada. Tiré toda la carrera y no fuimos capaces de contactar”. Finalizó en el puesto decimoquinto en 28:55.47 (su peor registro del año) y la serie fue ganada por el keniata William Koech, 28:06.86.

No resulta extraño afirmar que se esperaba más de él. No se requiere otra cosa que acudir a Atletismo Español para comprobarlo. Se escribió: “¡Qué desilusión! Es la primera vez que falla. Hasta ese momento en sus actuaciones con la camiseta española su comportamiento resultó admirable”. Y se cita su paso por la Wesathletic que ganó en el 90, su segundo puesto en la Copa de Europa de 1991 así como el subcampeonato ibérico de 1991 y 1992, solo superado por Dionisio Castro. “Como puede apreciarse ningún lunar”, sentencia . Y tratando de encontrar alguna disculpa a su actuación en Montjuic aquella noche veraniega de agosto podría estar en que la temperatura ambiente era de unos 26 grados y la humedad relativa rondaba el 89 por ciento.

Ninguno de los tres gallegos accedió a la final olímpica, llevándose la peor desilusión seguramente Alejandro Gómez porque por encima se había retirado. Cuando Carlos de la Torre llegó a los vestuarios, apesadumbrado,  y comenzó a buscar entre sus pertenencias su acreditación,  la acreditación no aparecía por ninguna parte hasta que… “No sé cómo hago y veo que la tenía en el cuello. Había corrido con ella”. Lo atribuyó a los nervios. En todo caso, no deja de ser una curiosa situación en un día memorable por haber llegado a olímpico, aunque el día, por supuesto, no acabara siendo perfecto.

La mejor marca de su vida en 10.000 metros, 27:49.17, la realizó en 1996. Ya obraba en su poder antes de que se iniciaran los Juegos Olímpicos de Atlanta a finales de julio. Tal registro le permitía estar segundo en el ranking español de ese año, solo superado por Alejandro Gómez, 27:49.10. Y Carlos de la Torre acudió a los que fueron sus segundos Juegos, donde estuvo mejor que cuatro años atrás.

Corrió en la primera serie eliminatoria en la que quedó octavo con 28:04.14, un puesto por detrás de Abel Antón, 27:56.26, pero que le valió para poder estar en la final. Esta eliminatoria fue ganada por el etíope Worku Bikila en 27:50.57.

El día 29 de julio fue la gran final con tres españoles: Abel Antón, Alejandro Gómez y Carlos. Y éste lo hizo francamente bien porque “luchó hasta el final sin venirse abajo”, en palabras de Atletismo Español. Da cuenta que el atleta de Marín se pegó literalmente a Abel Antón cuando el soriano se fue despidiendo de los puestos de delante “y con él hizo toda la segunda parte de la carrera hasta llegar a la meta”. Carlos de la Torre, que en un informe del Comité Técnico de la Federación Española se considera que fue el que más luchó de los tres españoles, llegó en el puesto 14º en 28:32.11, Antón lo hizo en el 13º en 28:29.37 y Gómez en el 15º en 28:39.11, siendo 18 los atletas clasificados.

Interviniendo en la Copa de Europa (Final B) en Barcelona en 1991 (El Correo Gallego)

“El dominio africano en la distancia fue abrumador: los ocho primeros clasificados pertenecían al Continente Negro”, apunta Atletismo Español, llevándose el mejor botín, las medallas de oro, plata y bronce, Haile Gebrselassie (Etiopía), 27:07.34, Paul Tergat (Kenia), 27:08.17, y Salah Hissou (Marruecos), 27:24.67.

Tampoco le fue mal al discípulo de Carlos Landín en otra competición de altos vuelos como los Campeonatos de Europa de Helsinki de 1994, donde quedó octavo (28:10.77) en una carrera lenta y que le venía como anillo al dedo al soriano Abel Antón, ganador en 28:06.03. Pero los elogios hacia Carlos de la Torre no se contuvieron: “El gallego estuvo fantástico”, comenta Atletismo Español. “Aguantó con el grupo de cabeza hasta la última vuelta, cuando los fórmula uno metieron la directa. Entonces se acabaron sus posibilidades de podio, pero defendió con todas sus fuerzas un puesto entre los finalistas”.  Y tras hacerse la observación de que entre el quinto y el octavo clasificados únicamente se produjo una diferencia de 59 centésimas, se argumenta: “Las opciones al triunfo de Carlos de la Torre aumentan en función al ritmo: cuanto más rápido mejor”.

Al haber pasado también por los Campeonatos del Mundo de Atenas en 1997, ya no le quedó ninguna gran cumbre por escalar. Pero en la capital ateniense no tuvo la suerte de su parte: se quedó fuera de la final de 10.000 por un puesto. En su eliminatoria, ganada por Domingos Castros en 28:07.04, traspasó la meta en décima posición en 28:20.50.

Solo un título – ya está dicho – de campeón de España de 10.000 metros en 1990, pero además consiguió dos medallas de plata (1992 y 1996) y una de bronce en 1997. Se asomó por vez primera a este certamen en Vigo en 1988, cuando el título se lo adjudicó Juan José Rosario en 28:44.40. Carlos de la Torre, que entonces pertenecía al San Miguel de Marín, se quedó lo que se dice noqueado. Lo contó de este modo: “Salí tan rápido que aguanté hasta el kilómetro ocho y medio. En el último, cogí una pájara y me pasó todo el mundo. Quedé último. Hice la peor marca que tengo en 10.000, pero fue porque iba fuera de ritmo”. Esa marca a la que se refiere es la que sigue: 30:44.48.

En el año olímpico del 92, en los últimos días de junio, el título se dilucidó en Valencia y acabó siendo para Antonio Prieto (28:14.25), acogido su triunfo con gran entusiasmo del público. Carlos se quedó con la segunda plaza (28:14.30) y José Carlos Adán con la tercera (28.14.60). La carrera estuvo emocionante y la misma se decidió en la última vuelta. Prieto apuró la zancada faltando 200 metros y… “De la Torre, el único que contaba con mínima olímpica”, cuenta Atletismo Español, “pagó su inexperiencia cuando trató de batir por dentro al segoviano. El viejo zorro, naturalmente, no se lo permitió y se alzó con la victoria”.

Al recordar aquella carrera en Valencia, Carlos cuenta que se vio desplazado por Serrano a 400 metros de la meta, de tal modo que los rivales se le adelantaron una veintena de metros. Pero no se rindió. Oyó chillar, dice, a su entrenador Landín y… “Cogí a Antonio Serrano y a Carlos Adán, los sobrepasé y en la línea de meta Antonio Prieto me fue cerrando por la calle uno y por poco me tira. No le gané por milésimas. Fue un fallo mío porque estaba como un avión. Ese campeonato tenía que ser para mí de sobra”.

El atleta de Marín una vez finalizado el Campeonato del Mundo de Medio Maratón de 1996 en Palma de Mallorca (El Correo Gallego)

Su segunda medalla de plata la obtuvo en Barakaldo en 1996, en unos 10.000 con participación de lo mejorcito (Antonio Serrano, Alejandro Gómez, Abel Antón, José Manuel García, Fabián Rocero, Julio Rey, José Ríos…). Carlos, que se había marchado por delante, fue alcanzado por Alejandro Gómez cuando todavía faltaba para la meta más de un kilómetro y “se pusieron a la par al ver que Abel Antón no era una seria amenaza y entraron juntos cogidos de la mano”, explica Atletismo Español.  El campeonato fue para Alejandro Gómez (27:49.10) y el subcampeonato para Carlos (27:49.17); la medalla de bronce se la llevó Abel Antón (27:54.05).

El título de 10.000 de 1997 se disputó en Pontevedra el 14 de junio de 1997 con una treintena de participantes. El mejor fue Julio Rey, 27:55.19, seguido de Alberto Juzdado, 28:01.56, y Carlos, 28:02.94. Pero el atleta de Marín también peleó en julio, en Salamanca, por el título de 5.000, aunque se quedó lejos del objetivo al entrar octavo en 14:15.55 mientras que el oro era para Manuel Pancorbo, 14:01.84. En su trayectoria atlética, Carlos también afrontó muchas veces los 5.000 metros, habiendo conseguido su mejor registro, 13:29.85, en 1992.

Quien ha sido 21 veces internacional, intervino en dos ediciones del Campeonato del Mundo de Medio Maratón: Palma de Mallorca 1996 y Kosice (Eslovaquia) 1997.

En la isla del Mediterráneo, Carlos fue el mejor del equipo nacional al terminar cuarto con un tiempo de 1 hora 2 minutos 3 segundos; el italiano Stefano Baldini se proclamó campeón con 1h01:17 entre 121 atletas clasificados. Pero España, entre 24 países, finalizó subcampeona (el título recayó en el conjunto italiano) con Alejandro Gómez 8º (1h02:47), José Manuel García 23º (1h03:46) y José Manuel Martínez 31º (1h04:26), habiéndose retirado Bartolomé Serrano.

Si en 1996 fueron llamativas las ausencias, no sucedió lo mismo en 1997 en Eslovaquia, triunfando el keniata Shem Kororia, 59:56. Los atletas clasificados fueron 138 finalizando Carlos en el puesto 32º en 1h02:42, escribiéndose de él que “mantuvo el tipo y contribuyó con su marca a la cuarta plaza final de España” (participaron 31 países).

Aunque nunca llegó a ser campeón gallego de cross (lo fue sin embargo en pista, dos veces en 5.000 y dos en 10.000), sí fue subcampeón de España de esta especialidad en 1994 y participó tres veces en el Mundial, años 92, 94 y 96, con una actuación no del todo notable.